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La habitación del pánico

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País: Estados Unidos Dirección: David Fincher Guión: David Koepp Música: Howard Shore Fotografía: Conrad W. Hall, Darius KhondjiIntérpretes: Jodie Foster, Jared Leto, Forest Whitaker, Kristen Stewart, Dwight Yoakam

Estreno EE.UU.: 29 de marzo de 2002

Metafórico y opresivo Fincher

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David Fincher (39 años) ha realizado este trabajo de terror y tensión claustrofóbica, Panic room; menos morbosa que Seven y sin sus escenas de asco; menos metafórica y menos psicológicamente retorcida que El club de la lucha; menos fastuosa y menos sorprendente en su resolución final que The game. Es también director de la quizá olvidable Alien 3. David Koepp ha escrito el guión de Panic room: no es poca la importancia del guión en general, y en especial en estas películas de suspense, que deben -tienen que- dar miedo y hacer sufrir… gustosamente. Así sucede, a pesar de un par de deficientes flexiones en la coherencia narrativa, que no señalo por si a algunos pasan inadvertidas.

Una recién divorciada alquila una gran casa para vivir en ella con su única hija, adolescente; una casa inmensa para las dos solas, sin personal de servicio (una concesión al necesario planteamiento y juego criminal posterior: ¡concedámosles esa inmensa mansión, si no, no hay película!). Nada más instalarse, las dos solas en aquella inmensidad casi vacía, y poco después de meterse en la cama en su primera noche, entran tres crueles ladrones dispuestos a todo… y ellas dos se refugian en la panic room, un bunker interior, moda -por lo visto- entre los yuppies que temen por la seguridad de sí mismos y de su mucho dinero. El resto es la película, casi a oscuras, y lluvia, tanta lluvia. No es que no haya metáfora en La habitación del pánico: Jodie Foster se adelanta y la explica al futuro espectador del film del que es protagonista: «…lo más interesante ha sido ver el filme como una metáfora del divorcio». Y el mismo Fincher habla de la vandálica violencia de los asaltantes a la grandísima vivienda como una imagen de la destrucción de la familia.

Pero la explicación se queda ahí, no es esta una metáfora demasiado rica en derivaciones, bien que la realidad del hecho al que indica sea tan terrible y dura, tan demoledora para la persona. Aunque sí, sí cabrían otras derivaciones en esta metáfora básica: el desmedido afán de riqueza, la crueldad y la violencia irracionales, la abismal ausencia de todo valor humano, de toda aspiración espiritual… si se ve así, cabe hablar no sólo de un buen film de tensión opresiva, de vertiginosas y fantásticas tomas, de fotografía magnífica, sino que cabe también leer en Panic room un espantoso retrato del alma de la sociedad de hoy. El fasto -que suele usarFincher en otras- se reduce en esta historia a oscuras, entre paredes, escaleras y sótanos, a un dorado parque en otoño con luz diamantina y plateada…, que es el previsible y deseable final, bien que cargado de la misma tristeza del comienzo: la soledad de las mujeres solas.

Pedro Antonio Urbina