Titus Andronicus: Pastel de sangre

Titus Andronicus | En la siempre interesante traducción y en las notas y estudio de la obra íntegra de William Shakespeare, Luis Astrana Marín dice -con delicada modulación de apasionado admirador del dramaturgo- que esta «espeluznante tragedia» quizá tenga un carácter «en cierto modo canibalesco»…

En beneficio de William Shakespeare prefiero pensar que esta desmesura trágica no es hija suya, sino de Thomas Kid, y que él sólo la revisó y arregló al servicio del empresario teatral. No entiendo, sin embargo, por qué tan gran esfuerzo artístico (magnífico) y económico para llevar al cine algo que, con un leve toquecillo, podría hacer pareja cómica con La venganza de don Mendo, del no menos genial Muñoz Seca.

Julie Taymor -guionista y directora- se toma muy en serio «que el crimen suceda con rapidez al crimen» y que «las víctimas sean bárbaramente mutiladas» (…) «en atroz carnicería», porque (es decisivo este porque) porque fue William Shakespeare -parece- quien matizó de «hermosos pensamientos, vigorosas expresiones y raras metáforas un tema que para otros hubiera sido repulsivo». ¡Es repulsivo! Y los matices -que se suponen de Shakespeare– son «como céfiro refrescante que agita con dulzura en el bosque las hojas verdes» (cito siempre a L. Astrana Marín).

Pero esta espeluznante tragedia canibalesca -escrita o no por William Shakespeare– es tan desmedida que Taymor -a pesar de su rotunda y segura dirección- mantiene a duras penas la seriedad de la sangrienta historia y, llegado un momento, parece no tener más remedio que llevar la cosa por el lado bufo: hace reír antes de que se le rían; así, A. Hopkins (el general Titus Andronicus) hace de cocinero asesino al modo del Dr. Lecter (El silencio de los corderos, 1991). Titus es de 1999. ¡Y estamos en el 2004!

Esta tragedia desmesurada, que trama ficticios episodios de la decadencia de Roma, está llena de anacronismos; la película los magnifica de modo absoluto con verdadero acierto y gran atractivo visual. Aunque al señalar la decadencia de Roma le pareció a la Taymor que no era suficiente con la col y la col de esa manada de abyectos sin conciencia… sino que vio necesaria la lechuga: la tópica presentación de bacanales que, pues no se hallan ni apuntadas en la obra, son al menos brevísimas y sin texto.

En fin, sólo con actores como los que cuenta la película -la pérfida Tamora, reina de los godos, es Jessica Lange– puede sostenerse tanta y tan urgente lesión letal, que se diría una telenovela nocturna de 1593, cruel y vesánica, un lúbrico y lascivo folletín para regodeo y refocilación del populacho…

Ficha Técnica

  • Fotografía: Luciano Tovoli
  • Montaje: Françoise Bonnot
  • Música: Elliot Goldenthal
  • País: EE.UU. / Italia
  • Distribuidora:Lauren
Suscríbete a la revista FilaSiete por sólo 32€ al año
Reseña
s
Crítico de cine, poeta, escritor y traductor