Para toda la humanidad: Reescribir la carrera espacial

La carrera espacial no ha terminado. La historia alternativa de esta serie parte de una premisa que recuerda a la que sustentaba The Man in The High Castle: los rusos llegaron antes a la Luna. Y a partir de ahí -estamos en 1969- los americanos tienen que responder para no quedarse atrás, para que el Russian Style of Life no prevalezca en el espacio exterior y en el interior, una tierra en la que Ted Kennedy fue presidente antes que Nixon porque Chappaquiddick no lo impidió…

Sorprende la dureza con la que algunos medios norteamericanos han tratado esta serie del californiano Ronald D. Moore, bien conocido a sus 56 años por ser el creador de series como Battlestar Galactica, Star Trek y Outlander. Esa sorpresa desaparece para convertirse en comprensión primero con los colegas de la crítica americana, y en adhesión después, cuando terminas de ver la segunda temporada.

Porque lo que hacen Moore, Wolpert y Nedivi en la segunda temporada es de antología del disparate. Especialmente, cuando habían logrado estabilizar la nave en la primera temporada tras unos bandazos morrocotudos.

A medida que avanza la segunda temporada con la batalla entre rusos y estadounidenses por la posesión de la Luna en los años 80, con Reagan en el poder, te va irritando más y más, porque se malogran buenas ideas y estrategias interesantes. Moore sabe que el chicle espacial está muy mascado: ahí está sin ir muy lejos la reciente Away y la anodina Elegidos para la gloria de National Geographic para Disney+. Para salir adelante, Para toda la humanidad maneja un puñado generoso de conflictos profesionales y familiares alrededor de las misiones espaciales, tomando elementos reales -personajes, proyectos- y rotándolos como le conviene.

Volvamos al principio…

Cuando parece que la serie va a estancarse en los dos primeros capítulos, la idea de la confrontación con la Unión Soviética encuentra en el adiestramiento de una tripulación femenina, en el capítulo 3 (Las mujeres de Nixon), una buena senda que esquiva con habilidad los caminos más trillados… hasta cierto punto. Porque Moore no puede o no quiere escapar de la corrección política que parece imponer un férreo manejo de las tramas identitarias, o dicho de otro modo, de la opción por reescribir la historia para mi tribu, para los que piensan como yo, releer la historia para contarla con un discurso (en muchos momentos un mitin) al gusto de los que piensan como yo…

Si la primera temporada -a la que cuesta arrancar- se salva a duras penas, la segunda toma velocidad en el tobogán y entra en caída libre, tanto por la construcción de una base militar en la Luna y las lunáticas peripecias, como por las movidas sentimentales y profesionales de los protagonistas con 15-20 años más. Moore se entrega al culebrón disparatado y, mientras tiene siete bolas en el aire, logra que olvidemos lo que nos había mantenido entretenidos: nunca apasionados, pero si razonablemente entretenidos y en ocasiones hasta expectantes.

El casting es bueno y como ya hemos señalado el diseño de producción también, quizá por eso buena parte de la crítica norteamericana ha sido especialmente dura con la serie que, aprovechando los viajes lunares, intenta que no se note que tiene poca mantequilla para untar un pan muy grande, como escribe con gracia y parafraseando a un hobbit tolkieniano, Steve Green en IndieWire.

Queda un lujoso circo a cinco pistas, con payasos gritones que se ven obligados a darse costaladas físicas y psicológicas en una serie que se pone grandilocuente y adoctrinadora, con unos saltos temporales grotescos que dinamitan la escasa credibilidad dramática que quedaba.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (For All Mankind), 2019
  • Dirección: Meera Menon, Allen Coulter, John Dahl, Seth Gordon
  • Fotografía: Stephen McNutt, Ross Berryman
  • Música: Jeff Russo
  • Duración: 2 temporadas (10 capítulos de 60 minutos cada una)
  • Emisión en España: Movistar+
  • Público adecuado: +16 años (X)
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