El secreto de la pirámide

Película de aventuras que apenas ha envejecido, con unos efectos especiales pioneros, y con un suave toque nostálgico adecuado para el mundo del gran detective

El secreto de la pirámide (1985)
El secreto de la pirámide (1985)

El secreto de la pirámide: Sherlock y Watson en el instituto

Hace treinta y cinco años no había tanta Sherlockmanía como hoy y el título original, Young Sherlock Holmes, con todo su atractivo, fue desechado y nos dieron un misterio que, según los productores, tenía más gancho. Sin embargo, el verdadero misterio y desafío de esta película consiste en convencer al público, especialmente a los sherlockianos, de que Sherlock Holmes y John H. Watson se conocieron en el instituto -lo que no tiene nada de extraño ya que el personaje de Holmes (el de Conan Doyle) tiene un algo de eterno adolescente.

El instituto es uno de esos internados británicos que ocupan un importante lugar en la literatura inglesa desde hace siglos, y cuyo último vástago hasta la fecha sería Hogwarts; allí se encuentran los más curiosos laboratorios y los más excéntricos profesores y alumnos. En ese curso y lugar Sherlock Holmes, con la ayuda de un joven Watson, resuelve su primer caso.

Estos jóvenes Holmes y Watson son versiones jóvenes de los adultos que todo el mundo conoce. Holmes es alto, delgado, callado; Watson es bajo, llenito y miope. La trama es un auténtico patchwork cuyos retales están inspirados en diversas historias de Conan Doyle, y está saturada de alusiones a personajes, dichos, tics, al canon holmesiano: una serie de personas que no tienen nada que ver entre sí fallecen en extrañas circunstancias, ante el asombro de Watson; Sherlock encuentra lo que les relaciona, deduce que hay una droga alucinógena mezclada en ello, etc. Al mismo tiempo descubrimos el origen de su supuesta misoginia, su pipa, su gorra, su… todo.

Junto a la aportación del mundo de Conan Doyle, hay muchos elementos que vienen del mundo de Spielberg (productor ejecutivo), los jóvenes aventureros tienen un cierto parentesco con los Goonies (con quien comparten productor y guionista), con los niños de E.T. -que también vuelan-, y la pirámide y su secreto pertenecen a la saga de Indiana Jones.

Chris Colombus estaba iniciando su carrera como guionista, había escrito Los Goonies para Spielberg y dominaba el canon holmesiano. Dirige Barry Levinson: El mejor (1984), Rain Man (1988). Los jóvenes protagonistas merecen un aplauso incondicional; esta película fue un buen espaldarazo para Alan Cox (Watson), mientras que Nicholas Rowe (Holmes), acaudalado y de origen noble, sólo actúa ocasionalmente y en papeles secundarios, por amor a la escena.

El resultado es delicioso, una película de aventuras que apenas ha envejecido, con unos efectos especiales pioneros -tal vez excesivos para Sherlock Holmes, que prefiere la simple niebla londinense y la deducción-, pero cuyo brillante ventanal fue realizado por John Lasseter. Y con un suave toque nostálgico adecuado para el mundo del gran detective.


El secreto de la pirámide

Young Sherlock Holmes (1985) País: EE.UU. Dirección: Barry Levinson Guion: Chris Columbus Fotografía: Stephen Goldblatt Montaje: Stu Linder Música: Bruce Broughton Intérpretes: Nicholas Rowe, Alan Cox, Sophie Ward, Anthony Higgins, Susan Fleetwood, Freddie Jones, Nigel Stock, Roger Ashton-Griffiths Duración: 105 min. Distribuidora DVD: Paramount Público adecuado: Todos

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.