El gato

El novato Bo Welch plantea una auténtica aventura paranoide con mucha diversión y carente del más mínimo sentido

El gato (2003)
El gato (2003)

El gato: Gran fiesta infantil

En un momento en el que los animales están quitando el protagonismo a los humanos en el mundo cinematográfico (coinciden en pantalla filmes donde los protagonistas son peces –Buscando a Nemo-, caballos –Océanos del fuego-, perros –Scooby Doo y Un perro de otro mundo-, osos –Hermano oso-, conejos –Looney Tunes– y varios de dos patas que mejor no nombrar), llega a las pantallas, basado en un libro infantil de éxito por tierras americanas, uno de los payasos de Hollywood (el camaleónico Mike Myers) y El gato, una alocada y alucinógena fiesta infantil en la que todo es posible y en la que nada tiene la más mínima lógica (y esto, ojo, no es una crítica negativa).

En una colorida y perfecta ciudad (medio kitsch, medio modernista, y que recuerda, entre otras, a las creadas para Eduardo Manostijeras y otras cintas coloristas de Burton, o para El grinch -de hecho, el autor de la obra literaria en la que se inspira este filme, Theodor S. Geisel, es el mismo de la utilizada para versionar la segunda cinta mencionada-) viven dos hermanos, un chico y una chica, que son totalmente opuestos. Mientras él es un terremoto que no deja nada en pie, ella es una niña repipi y mandona sin amigas. Esa noche, su madre prepara una fiesta en su casa para los compañeros de la empresa, y castiga a los niños sin salir, sin jugar y les ordena que no entren en el salón. La aparición de un gato muy humano dispuesto a todo por armar una fiesta tremebunda lleva a los niños a divertirse, pero cuando se ven envueltos en el descontrol sin freno del gato, empiezan a asustarse y comprenden que han metido la pata. Aunque ya es tarde para volverse atrás.

La cinta, dirigida por el novato Bo Welch, comienza de modo aburrido, aunque poco a poco va subiendo en intensidad, llegando a ser una auténtica aventura paranoide con (en palabras de su protagonista más animal) «mucha diversión y carente del más mínimo sentido». El filme tiene momentos de verdadero divertimento y (sin olvidar que estamos ante una película para niños, lo cual quiere decir que muchos de sus gags no están dirigidos a ellos, sino a los mayores que los acompañan) podríamos decir que fascinantes. Los personajes, algunos estereotipados, están bien construidos, el guión y la dirección son solventes, la puesta en escena (fíjense en el detalle de que la mayoría de los coches que aparecen son del mismo modelo y del mismo color, algo que también ocurría en la divertidísima Superstar, con Molly Shannon como estrella indiscutible) da a la cinta el toque de locura que necesita…

Al final, uno se queda con varios momentos gloriosos: la firma del contrato (más voluminoso que el que Elizabeth Hurley le ofrece a Brendan Fraser en Al diablo con el diablo), el gato colgado del árbol cual piñata de cumpleaños, o ese ofrecimiento del minino, otorgando dos posibilidades de comienzo para la fiesta: múltiples y dolorosas inyecciones, o con un número musical. La respuesta de la niña no puede ser mejor: «¿Y cuántas inyecciones has dicho que serían?».

Ficha Técnica

  • Fotografía: Emmanuel Lubezki
  • Montaje: Don Zimmerman
  • Música: David Newman
  • Duración: 78 min.
  • Público adecuado: Todos
  • Distribuidora: Universal
  • EE.UU. (The Cat in the Hat), 2003
  • Estreno: 9.4.2004
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