Young adult

Jason Reitman y Diablo Cody vuelven a reunirse en una comedia amarga que disecciona con lucidez una generación. *** ½

Young adult, 2011 País: EE.UU. Dirección: Jason Reitman Guión: Diablo Cody Fotografía: Eric Steelberg Montaje: Dana E. Glauberman Música: Rolfe Kent Intérpretes: Charlize Theron, Patton Oswalt, Patrick Wilson, Elizabeth Reaser, Collette Wolfe 94 m. +18 años (temática, sexo incidental, lenguaje crudo) Distribuidora: Paramount Estreno: 17.2.2012 

Juno crece

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La pareja Jason Reitman (detrás de la cá­mara) y Diablo Cody (escribiendo) alumbró Juno, una fresca comedia independiente que se ponía por montera tres o cuatro má­ximas del pensamiento políticamente co­rrecto, hablando del embarazo de una ado­lescente.

Después, por separado, Reitman rodó la sol­vente Up in the air y Cody escribió la infu­mable Jennifer’s body.

Ahora se reencuentran en Young adult, la his­toria de Mavis, una atractiva treintañera di­vorciada escritora de novelas para adolescen­tes que vive en Minneapolis. Mavis se en­tera de que su novio del instituto, felizmen­te casado, acaba de ser padre. Y decide ir a rescatarlo.

Como ocurría con Juno, Young adult no es­conde las costuras de una escritura ágil y de­senfadada -no hay que olvidar que Dia­blo Cody comenzó su carrera como autora en un blog-, una sucesión de episodios aparen­temente poco significativos que, sin embar­go, dibujan una lúcida radiografía de una sociedad alérgica al compromiso y con un serio síndrome de Peter Pan.

El personaje de Charlize Theron -magnífi­ca interpretación de la actriz ganadora del Os­car en 2003, que a sus 36 años demuestra inteligencia en sus elecciones- resume los tics más antipáticos y clarificadores de una generación de treinteañeros malcriados y caprichosos, capaces de pasar por encima de todo con tal de hacer su santa voluntad. ¿Y el resto de los protagonistas? Flojos, acom­plejados y desbordados ante la explosión de lo cool, sólo ofrecen una débil resis­ten­cia… aunque afortunadamente -de puer­tas adentro, no vaya a ser que les tachen de paletos- conservan la lucidez. Sue­na conocido, ¿verdad?

Como cualquier cinta desestructurada -y és­ta lo es- la película es irregular, tiene algu­na caída de ritmo y amenaza en un par de momentos con sucumbir en el buenismo re­dentor que todo lo salva. Pero Cody-Reit­man esconden la carta final: un broche de oro redondo y subrayado para una comedia amar­ga de bastantes quilates.

Ana Sánchez de la Nieta