Charlatán: La mala hierba

· Crítica de Charlatán | Estreno 13 de agosto de 2021.
· El guion de Marek Epstein se aleja de una construcción monolítica del carácter del protagonista para meterse en terrenos pantanosos, en los aledaños de la escuela de Sam Peckinpah.

Holland (1948), polaca de nacimiento, estudió cine en Praga iniciando su carrera de directora con películas con fuerte carga política como Actores provinciales (1979), Conspiración para matar a un cura (1988) o Europa Europa (1990). Luego su carrera se «americanizó» rodando para Francis Ford Coppola El jardín secreto (1993), dirigió un Henry James, Washington Square (1997), con Jennifer Jason Leigh, y en una última etapa se ha encargado de algunos capítulos de famosas series de televisión como The Wire o House of Cards. Y aunque nunca se fue del todo, ahora ha regresado a Europa o mejor dicho a Europa Europa pues, como en aquella película, que trataba de un joven judío que se hace pasar por ario en la Alemania nazi, el protagonista de Charlatán nos muestra a un personaje capaz de todo por sobrevivir.

Cuando un guion tiene tantas aristas y tantos puntos ciegos en su estructura sabes que no estás a salvo, que nunca te vas a acomodar en él y a dejarte llevar. Siempre vas a estar inquieto como en la cama de un faquir. Se diría que es una forma como otra cualquiera de estrujar los manuales de Robert McKee, Syd Field, Linda Seger o de cualquier otro gurú del guion que en el mundo ha sido. El personaje protagonista es harto incomprensible, resulta en ocasiones caprichoso y en otras muchas generoso, a ratos altruista y a ratos egoísta, como la vida de cualquiera de nosotros, lo cual le hace particularmente humano y particularmente molesto.

El guion de Marek Epstein se aleja de una construcción monolítica del carácter del protagonista para meterse en terrenos pantanosos, en los aledaños de la escuela de Sam Peckinpah, donde la acción hace al personaje. Al echar un primer vistazo a este talentoso curandero llamado Jan Mikolásek, nos parece un tipo hosco y huraño, pero virtuoso, al fin y al cabo al genio se le puede permitir tener eso, genio. Y en este caso la primera impresión no es la que cuenta, o peor todavía, cuenta a medias. Como en aquel chiste malo que decía que solo hay una cosa peor que encontrarse un gusano al morder una manzana, y es encontrarse medio, de Mikolásek solo vemos parte de él, solo la mitad y quizás no sea la mitad más importante.

El prota es un tipo popular, y no está claro si lo es muy a su pesar, pues saca buenos réditos a su lucrativa actividad. Ante su casa se hacinan los enfermos y a todas horas hay largas colas de gente humilde y no tan humilde aguardando que les atienda. Mikolásek tiene un prodigioso don para diagnosticar enfermedades con solo ojear un frasco con la orina del paciente, y no son menores sus cualidades para acertar con el remedio gracias a sus vastos conocimientos de las hierbas. Esta primera parte, en la que vamos descubriendo sus capacidades curativas, está contada de una forma admirable por Holland con una gran economía de medios, y atina con el mágico recurso de esconderse algunos ases en la manga. Es más adelante, cuando la directora nacida en Varsovia pasa al otro lado de la trastienda y nos empieza a mostrar las relaciones que mantiene por la puerta trasera, cuando el filme se va tornando negro zaíno, y la única luminosidad que queda es la de esas ambarinas muestras fisiológicas fotografiadas como si fueran puestas de sol por Martin Strba.

Y según va Holland sacando conejos de la chistera el personaje se nos va volviendo antipático y vas intuyendo cosas mientras ves a Ivan Trojan que, como un Jano de doble cara, deambula por la pantalla dotando de ambigüedad moral un papel que le permite tratar por igual a ricos y a pobres, a nazis y comunistas, haciendo de su camaleonismo su mejor aval para lograr la supervivencia. Uno espera que alguno de los flashbacks, que nos retrotraen a su juventud y a sus terribles vivencias bélicas, nos den algunas pistas del secreto de su ira, pero la directora se guarda mucho de dar demasiadas explicaciones y hace como si lo de unir cabos no fuera con ella, huyendo de análisis psicológicos y juicios de valor apostando todo a la casilla del misterio, permitiendo que la cinta llegue a su último tramo correosa, sin nada de grasa que hiciera más muñido un final de los que dejan tiritando.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Martin Strba
  • Montaje: Pavel Hrdlicka
  • Música: Antoni Lazarkiewicz
  • Diseño de producción: Milan Býcek
  • Vestuario: Katarina Bielikova
  • Duración: 118 min.
  • Público adecuado: +18 años (X)
  • Distribuidora: Vercine
  • República Checa (Šarlatán), 2020
  • Estreno: 13.8.2021
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Reseña
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Escritor de relatos de terror y misterio, y guionista de cine y televisión. Admirador de Ford, Kurosawa, Spielberg y Hitchcock, no necesariamente en este orden