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Inteligencia Artificial

Pinocho reinventado

Es Inteligencia artificial una película de particular génesis, fruto de la confluencia de dos genios de la dirección como son Spielberg y Kubrick. Y no cabe duda de que ambas personalidades se solapan continuamente en el resultado final.

Es A.I. una parábola sobre la vida, sobre la creación, los avances técnicos y la capacidad de amar: es decir, sobre el hombre. Parte de un relato corto del escritor de ciencia ficción Brian Aldiss titulado Super-toys last all summer long. Una historia que Kubrick mimó y desarrolló hasta la obsesión durante años aguardando que los efectos especiales estuvieran suficientemente desarrollados como para rodarla.

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Bebe la historia de los cuentos infantiles y más concretamente de Pinocho. Pero en este caso Pinocho no es de madera, sino que se trata de un niño-robot que viaja por un mundo futuro acompañado de un oso de peluche, suerte de Pepito Grillo. Ya mostró Spielberg interés en Pinocho cuando incorporó una canción de la versión Disney del cuento (Cuando lanzas un deseo hacia una estrella) al final de  Encuentros en la Tercera Fase.

Kubrick decidió cederle esta historia a su colega Spielberg y éste ha sabido llevarla a su terreno, firmando él mismo el guión e iluminando el tema de si es el amor lo que nos hace ser humanos desde una concepción judeocristiana de la existencia.

Si bien Kubrick gustaba de dejar las cosas más abiertas, en pleno campo de la ambigüedad, Spielberg se esmera en querer cerrar todas las puertas antes de salir del film, creando una película demasiado larga que parece no querer terminar. Y es una pena que siendo él un director eminentemente visual, al final se excede en parlamentos y explicaciones filosóficas demasiado largas.

A.I. recorre varias fases siendo los primeros minutos de un desarrollo narrativo modélico por su ritmo, sencillo en apariencia y complejo en el conflicto que plantea. Es la parte donde más claramente se ve el universo Kubrick y donde el espectador puede llegar a sentirse incómodo al descubrirse a sí mismo sintiendo más cariño por los robots que por los propios personajes humanos. Una segunda fase más movida, más física, donde la acción se despliega, aquí es donde Spielberg lleva la película a un terreno más conocido por él, el mundo de los efectos especiales. Y una tercera parte más filosófica, cósmica y apocalíptica pero a la vez más emotiva gracias a la mano del autor de E.T. Este desenlace al ser guiado por una voz en off a modo de narrador omnipresente tiene algo de cuento de Navidad. Como si el final abstracto de 2001, una odisea del espacio se convirtiera ante los ojos de Spielberg en un relato de Dickens.

Spielberg se rodea de su equipo habitual. John Williams repite en la banda sonora. Su colaboradora Kathleen Kennedy está en la producción y el director de fotografía Janusz Kaminski subraya los ambientes con su iluminación. Dando a la primera parte un toque frío y pulcro, a la segunda un gran colorido y a la tercera la blancura de una eterna nevada dejando a la vez que la calidez se asome a la pantalla.

Haley Joel Osment, el niño de El sexto sentido muestra su gran hacer como un actor versátil a pesar de su corta edad, moviéndose con agilidad dentro de un complicado registro. Y Jude Law hace una magnífica creación, humanizando poco a poco a un robot gígolo al que dota de elegantes andares, mezcla de Fred Astaire y Elvis Presley.

Juan Velarde

Dirección: Steven Spielberg Guión:Steven Spielberg, basado en un relato corto de Brian Aldiss Fotografía: Janusz Kaminski Música:John Williams Intérpretes: Haley Joel Osment,Jude Law, Frances O»Connor, Sam Robards, Jake Thomas

Estreno EE.UU 2001.