La invitación: Entre parejas

· Crítica de La invitación | Estreno 16 de octubre de 2026.
· Una película que sabe desenvolverse en la pantalla, aunque su idea de la modernidad parezca haber envejecido antes que las propias relaciones que retrata.

Hay comedias que parecen más interesadas en demostrar lo modernas que son que en hacer reír. La invitación (The Invite), tercer largometraje como directora de Olivia Wilde, tiene el mérito de convertir una situación de raíz teatral en una película de ritmo ágil, sostenida por un reparto de primera categoría. Lo que no consigue siempre es que sus provocaciones conserven la frescura que debieron de tener sobre el papel.

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El origen del relato está en Los vecinos de arriba, obra teatral de Cesc Gay que el propio autor llevó al cine en Sentimental (2020), y que ha conocido distintas adaptaciones internacionales, entre ellas la surcoreana The Upstairs Neighbours (2025). La versión de Wilde confirma la capacidad de la historia para viajar de una cultura a otra, aunque también invita a preguntarse qué mantiene su atractivo y qué ha quedado por el camino. Porque la confrontación entre dos parejas que entienden de manera muy distinta el sexo y la convivencia tiene posibilidades cómicas evidentes, pero descansa también sobre una idea de la transgresión que hoy parece algo trasnochada.

Joe y Angela llevan tiempo instalados en una convivencia en la que las frustraciones han desplazado al deseo. Sus vecinos de arriba, Pína y Hawk, tienen una vida sexual tan ruidosa como desprejuiciada, circunstancia que termina por alterar la tranquilidad doméstica del matrimonio. Una cena concebida para limar asperezas acaba convirtiéndose en un ajuste de cuentas y, finalmente, en una propuesta que lleva la velada por derroteros inesperados. El contraste entre la pareja convencional y sus vecinos supuestamente liberados sirve para poner en cuestión las certezas de unos y otros, aunque el enfrentamiento entre ambos modelos tenga algo de debate de otra época.

El texto es bueno, está bien construido y sabe explotar la incomodidad de sus situaciones. Otra cosa es que su pretendida audacia conserve toda su capacidad de escandalizar o divertir. Los diálogos son subidos de tono, a veces deliberadamente explícitos, y los vecinos llegan a formular proposiciones deshonestas. Sin embargo, nada de ello resulta especialmente molesto en el plano visual. Wilde no necesita recrearse en lo escabroso: la situación, las palabras y las reacciones de los personajes bastan para sostener el juego.

La directora demuestra, además, que sabe trasladar el material al cine sin limitarse a registrar una representación teatral. La puesta en escena es fluida, el ritmo funciona y los cuatro intérpretes encuentran el tono adecuado para una comedia que depende en buena medida de la conversación, los silencios incómodos y las pequeñas humillaciones de la vida en pareja. Penélope Cruz, Edward Norton, Olivia Wilde y Seth Rogen componen un reparto excelente. Todos aportan matices a unos personajes que podrían quedar reducidos a simples portavoces de dos concepciones enfrentadas de la libertad y la felicidad. Rogen destaca por su capacidad para combinar el resquemor, la inseguridad y una vulnerabilidad que humaniza a Joe más allá de sus constantes quejas.

Las carcajadas, no obstante, escasean. La invitación provoca alguna sonrisa, mantiene el interés y deja espacio para reflexionar sobre el desgaste de las relaciones, el deseo y el miedo a cambiar. Pero su eficacia cómica es más discreta de lo que promete su planteamiento. A ratos, la inteligencia del diálogo parece sustituir al auténtico impulso humorístico.

Wilde se reserva, eso sí, una baza para el desenlace. Frente a la resolución de Sentimental, opta por un cierre de resonancias más próximas al Woody Allen sentimental, en el que la ironía deja paso a una cierta reconciliación emocional con los personajes. Sin necesidad de ofrecer respuestas definitivas, la película encuentra una salida más cálida y esperanzadora, de esas que permiten abandonar la sala con una sonrisa.

Queda una comedia bien interpretada y cinematográficamente solvente, cuyo mayor atractivo está quizá en la humanidad de sus personajes y en las preguntas que suscita, más que en la novedad de sus planteamientos. Una película que sabe desenvolverse en la pantalla, aunque su idea de la modernidad parezca haber envejecido antes que las propias relaciones que retrata.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Adam Newport-Berra
  • Montaje: Anthony Boys, Yorgos Mavropsaridis
  • Música: Devonté Hynes
  • Duración: 108 min.
  • Público adecuado: +16 años (SD+)
  • Distribuidora: Diamond
  • EE.UU. (The Invite), 2026
  • Estreno: 16.10.2026
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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.
la-invitacion-2Tercer largometraje como directora de Olivia Wilde, que convierte una situación de raíz teatral en una película de ritmo ágil