Avatar

Estamos ante una buena película -verdaderamente impresionante y revolucionaria en algunos detalles- pero que no llega a merecer ser llamada “grande”

Avatar (2009), de Jame Cameron
Avatar (2009), de Jame Cameron

Avatar | Cameron: mago de la técnica, hábil contador de cuentos

Con más de 250 millones de dólares de presupuesto, cuatro años de producción y dejando pasar más de una década desde el estreno de Titanic, se podría presumir que Avatar iba a suponer para James Cameron lo mismo que La guerra de las galaxiasEl señor de los anillos supusieron para George Lucas y Peter Jackson, respectivamente. La expectativa es que lo iba a poner todo patas arriba y estaríamos ante un nuevo hito en el cine de ciencia ficción/acción/aventuras. En realidad estamos ante una buena película -verdaderamente impresionante y revolucionaria en algunos detalles- pero que no llega a merecer ser llamada “grande”.

La historia que nos presenta Cameron gira en torno a los intentos de colonización por parte de los humanos de un planeta llamado Pandora en un futuro distante. En Pandora habitan una raza de seres azules enormes llamados Na’vi, cuyo fuerte sentimiento espiritual y de pertenencia al lugar donde viven contrasta con el pragmatismo destructor y codicia de los terrestres, que prácticamente han acabado ya con los recursos naturales de su propio planeta. Para integrarse y conocer mejor a los Na’vi, los humanos crean unos híbridos alienígenas artificiales a imagen y semejanza de aquellos, cuyos cuerpos pueden ser ocupados por personas determinadas durante el sueño. Una de ellas es Jake Sully (Sam Worthington), un ex-marine parapléjico que al principio se infiltra en los Na’vi con el objetivo de seleccionar objetivos militares de cara a la colonización, pero al que el contacto con las costumbres de los seres alienígenas le cambia por completo como persona.

Es una trama en apariencia rocambolesca y novedosa, pero para cuya confección Cameron en realidad ha bebido de gran parte de su filmografía y de la de otros. No vamos a encontrar nada rompedor en la historia. Es un compendio de mitos épicos y situaciones que ya hemos visto antes presentadas en un envoltorio diferente. De hecho, no se les puede quitar la razón –revisen los detalles de la trama- a algunos críticos estadounidenses que han subtitulado Avatar como “Bailando con alienígenas”. Lo que no quiere decir, por otra parte, a pesar de su falta de originalidad real, que el armazón de la historia no funcione. Los personajes están bien construidos y la implicación del espectador con su destino es total durante los más de 160 minutos de metraje. Cameron sigue siendo un muy hábil contador de cuentos. Sabe que una de sus grandes armas es su capacidad de simplificarlo todo al máximo, para que a nadie se le corte la digestión: los malos son malísimos (piensen en el Billy Zane de Titanic) y cualquier mensaje que nos quiera colar, ya sea pro-ecologista o anti -militarista, puede ser captado sin problemas por un niño de once años. En realidad no hay nada de malo en ello mientras funcione, pero, volviendo a la analogía del principio, se podría decir que de momento Lucas y Jackson pueden descansar tranquilos en su pedestal.

Para situar al director de Terminator en las grandes ligas hay que volver a lo de siempre, a los aspectos técnicos. En este apartado, Avatar sólo presenta un logro tras otro. Alguno merece incluso el gesto de levantarse de la butaca y ponerse a aplaudir. Olvídense de la estética videojueguil y los personajes acartonados y vacíos de vida que parecía presentarnos el trailer. En la pantalla de cine, la recreación de Pandora es tan real y llena de detalle que quita el hipo. Y la tecnología motion capture dota a los Na’vi de un realismo y humanidad para los que no estás preparado la primera vez que los ves desenvolverse en su mundo. Aunque si me diesen a elegir, lo que realmente riza el rizo es el empleo de las 3-D: es la primera vez en la historia del cine que deja de ser un recurso efectista para ponerse por completo al servicio de la historia. Cuando la vean, me entenderán. Así que no duden en pagar un plus por la entrada y ponerse esas gafitas ridículas.


Cameron vuelve a rizar el rizo en los aspectos técnicos.

La historia es correcta pero dista mucho de ser «grande».

Reseña Panorama
s
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor