Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian | Buenos tiempos para la épica

En las navidades de 2005, el creador de Shrek llevó a la gran pantalla El león, la bruja y el armario, primer capítulo de Las crónicas de Narnia, escritas por el norirlandés C. S. Lewis (Belfast, 1898-Oxford, 1963), profesor de lengua y literatura inglesas. La adaptación, además de ser una más que notable película, fue un éxito en taquilla.

Tres años después Adamson, con prácticamente el mismo equipo técnico y artístico, estrena El príncipe Caspian, segundo episodio de la serie. El reto era aún mayor: bajo el envoltorio ligero de una narración fantástica, Las crónicas de Narnia son una alegoría cristiana de sólidos cimientos filosóficos y profundas y sugestivas metáforas. En el caso de la adaptación del primer capítulo, la ventaja era que el contenido del libro era conocido para muchos de los espectadores (El león, la bruja y el armario es, con diferencia, el volumen más famoso y fácil de leer de la sa­ga). No ocurre lo mismo con este capítulo, mucho más desconocido y con una simbología menos evidente.

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La cinta arranca con los cuatro hermanos Pevensie en Inglaterra. Allí recibirán una llamada del príncipe Caspian para que vuelvan a Narnia y ayuden a sus habitantes a luchar contra los telmarinos, una raza de humanos gobernada por el malvado rey Miraz. De nuevo en Narnia, descubrirán que han pasado 1.300 años y que desde hace algunos siglos nadie ha visto al león Aslan.

Visualmente la cinta es digna heredera de la anterior, aunque con un mayor despliegue de recursos técnicos que derivan en un espectáculo más apabullante. En este sentido, dice Adamson que después de que la primera película empezara como un pequeño relato que acababa en una gran batalla, fue consciente de que la segunda “tenía que comenzar a lo grande… y seguir creciendo”. Y así es: la película arranca con una escena espectacular -la huida a caballo del príncipe Caspian-, y a partir de ahí… a seguir disfrutando. La recreación de Narnia es magnífica, y las batallas y persecuciones sobresalientes.

De todas formas, como en la primera pe­lícula, lo más valioso no es la construcción formal (que repito, es buenísima), si­no la fidelidad al texto de Lewis, que se traduce en una sólida historia de una dimensión trascendente menos manifiesta pero igualmente presente, y con unos personajes muy bien construidos. Sin grandes diálogos, con un par de líneas de texto -¡pero qué líneas de texto!- y unas cuantas referencias visuales, la película despliega el carácter de cada uno de los protagonistas. Lewis dibuja a los cuatro hermanos como héroes, pero unos héroes con grandes dosis de humanidad, y ésta es la clave para que funcione bien la épica. Junto a la valentía, la lealtad o el honor aparecen el ego de Peter, la humildad de Edmund, la confianza de Lucy o el enamoramiento de Susan. Las interpretaciones son mejores que las de la entrega anterior, en parte porque los protagonistas han crecido y, en parte, porque entre el reparto “adulto” está un sensacional Sergio Castellito, que borda su caracterización del malvado rey Miraz.

Para compensar la épica y el dramatismo de algunos momentos está la buena mano de Adamson en la creación de los animales animados, que protagonizan los momentos más divertidos de la cinta.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (The Chronicles of Narnia: Prince Caspian, 2008)
  • Fotografía: Karl Walter Lindenlaub
  • Montaje: Sim Evan-Jones
  • Música: Harry Gregson-Williams
  • Duración: 144 m. Todos los públicos
  • Distribuidora: Buena Vista
  • Estreno: 4.VII.2008
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