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El efecto mariposa

Dirección y Guión:Eric Bress, J. Mackye Gruber Fotografía:M. F. Leonetti Montaje:Peter Amundson Música:Michael Suby Intérpretes:Ashton Kutcher, Amy Smart, Eric Stoltz, Melora Walters, William Lee Scott, Elden Henson, Ethan Suplee, Brandy Heidrick, Grant Thompson Distribuidora:TriPictures

EE.UU., 2004. Estreno en España: 30.04.2004

De aquellos aleteos, estos huracanes

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El insignificante aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán en el otro lado del mundo. Con la teoría del caos por bandera, se estrenan como directores Eric Bress y Jonathan Mackye Gru­ber. Los conocíamos por su trabajo en el guión de Final destination 2, y en esta ocasión unen el papel de directores al de guionistas. El resultado es un thriller desasosegante que es, más que psicológico, psiquiátrico.

El huracán en que se ve envuelto el joven Evan Treborn (un Ashton Kutcher que no consigue quitarse de encima el aire de colega en busca de su coche) es fruto de los aleteos de mariposa que agitaron su infancia, en forma de abusos sexuales y violencia familiar. Ya por aquel entonces sufría lagunas mentales que le impedían ser consciente de sus accio­nes y comportamientos violentos. Acon­se­jado por un psicólogo, anota cada uno de sus actos en un diario. Al leer, años más tarde, esos escabrosos episodios de su vida, entra en trance y retrocede al pasado, con la peculiaridad de que puede cambiar el curso de los acontecimientos. De ahí los flashbacks, que son el punto fuerte de la película y sirven de base para una reflexión sobre el tiempo co­mo percepción subjetiva.

En el efecto mariposa es muy interesante es la idea de la redención, presente a lo largo de toda la película. El sen­timiento de culpa es lo único que mueve a obrar a unos personajes que viven en la mediocridad. Evan siente el deber de redimirse salvando a su amor de la infancia de su cruel destino. Entre sus problemas psicológicos, to­do se le va enseguida de las manos y se con­vierte en una pesadilla en la que le suceden toda clase de desgracias, con un efecto en ocasiones cruelmente cómico. El protagonista pierde la noción del tiempo, y con él el espectador, que siente no tener dónde agarrarse, al no distinguir qué es pasado y qué es presente, y tiene la sensación de que ni siquiera conoce al personaje. El efecto mariposa pinta una realidad en la que todo es blanco o negro. Sus personajes son seres angelicales o psicópatas, y se transforman radicalmente de una cosa en otra: siempre blanco o negro, sin mixturas. No existe ese gris en el que, seguramente, nos encontramos la mayo­ría de las personas reales, con luces y sombras. Por eso no resultan creíbles, no conmueven. Una lástima, en una película de con­tenido tan humano y que trata un tema des­graciadamente tan candente como la delincuencia juvenil. ¿Hasta qué punto están con­dicionados Evan y sus amigos por el entorno violento donde han crecido?

El montaje, sin grandes innovaciones, es eficaz. El director de fotografía da un ritmo muy rápido a la película y suple la ausencia de sentimientos con una gran intensidad de las sensaciones. Por encima de todas, transmite una angustia y un desasosiego que hacen que la butaca se quede pequeña desde el primer fotograma.