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Criadas y señoras (The help)

Un reparto femenino de lujo es el principal aliciente de la correcta adaptación del best seller homónimo de Kathryn Stockett. *** ½

THE HELP, 2011 País: EE.UU. Dirección y Guión: Tate Taylor Fotografía: Stephen Goldblatt Montaje: Hugues Winborne Música: Thomas Newman Intérpretes: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Sissy Spacek 146 m. +12 años Distribuidora: Disney Estreno: 28.10.2011

De mujeres y racismo

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Esta historia de superación del racismo y de exal­tación de la amistad femenina ha arra­sa­do en la taquilla americana, donde tam­bién es cierto que la novela en la que se ba­sa la cinta se había vendido como chu­rros.

Y sin compartir el nivel de entusiasmo de es­te público que ha llenado las salas -me pa­rece que a la historia le falta fuerza- reco­nozco que la película es notable y tiene to­dos los elementos que se esperan para que un melodrama funcione y guste a un gran público. La historia es emotiva y posi­ti­va -porque la lucha contra cualquier ex­clu­sión lo es-, el tempo está cuidadosamen­te medido (aunque un tijeretazo de 20 minu­tos no le hubiera venido nada mal) y el ni­vel de producción es altísimo. En este últi­mo apartado, todo -fotografía, mú­sica, de­corados y puesta en escena- está hablando de calidad. Y eso, sin duda, se agradece.

Como se agradece el excepcional reparto fe­menino de la película. Viola Davis vuel­ve a demostrar que es una de las gran­des. Emma Stone le da la réplica con con­vicción (aunque su papel de heroína es muy agra­decido, todo hay que decirlo) pe­ro, sin du­da, la gran sorpresa, por lo difí­cil de su pa­peleta, es Bryce Dallas Ho­ward. La pelirro­ja hija del director de Una men­te maravi­llosa, que ya había demostra­do su solvencia en películas como El bos­que o Mander­lay, construye uno de los per­sonajes más ton­tos e indeseables que re­cuerdo en bastan­te tiempo. La mala de la película de to­da la vida vestida con lazos y telas de flores. Sin ella, Criadas y seño­ras sería un produc­to dulzón. Con ella lo es, pero no tanto.

El cuarteto de estrellas lo completa otra pe­li­rroja, Jessica Chas­tain, teñida aquí de pla­tino. Chas­tain está completando en unos meses una ca­rrera soberbia. Ha sido la es­pía fría en La deuda y la madre dulce y en­tregada en El árbol de la vida, de Te­rren­ce Malick. Aquí es la joven esposa frí­vola, vo­luptuosa, un poco corta pero de buen cora­zón que acaba convirtiéndose en la excep­ción que confirma la regla. ¿Que qué regla? La que siguen casi todos los melo­dra­mas clási­cos sobre el apartheid.

Ana Sánchez de la Nieta