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El bosque animado

País: España Dirección: Manolo Gómez, Ángel de la Cruz Dirección de animación: Julio Díez Guión: Ángel de la Cruz Música: Arturo B. Kress Producción: Manolo Gómez

DIJO Tristan Bernard en una ocasión: “Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres”. Si por ‘bestias’ entendemos ‘animales’, Ber­nard describió sin saberlo El bosque animado. Animado porque “si vas en silencio y armonía con la naturaleza verás cómo todo cobra vida” (Ma­no­lo Gómez, codirector). Pero los señores D’Abondo y su criado Rosendo no se paran a escuchar. Sólo a cazar topos. A cazar a Furi, a Linda…

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Este es el conflicto que vertebra la primera película de animación europea (y española) en 3D, con el permiso de Megasónicos. Pero la novela homónima de Wenceslao Fernán­dez Flo­res presenta un sinfín de atractivas historias. Qui­zá Ángel de la Cruz se haya dejado demasiadas en el tintero. Eso sí, el film consigue transmitir el mismo espíritu que la novela de 1943.

En El bosque animado se respira dedicación, sinceridad (no hay más que ver a Furi tiritar de amor) y muchas horas de trabajo. En la fraga de Cecebre todo es tangible: la niebla de los montes de Galicia, las gotas de agua que casi te mojan, las hojas de los árboles que caen a tu lado, la intensidad del sol que cambia se­gún la hora… Y sigue la lista de proezas: casi 30 personajes se pasean por la pantalla. Cada uno con su aspecto, su personalidad y su voz (impecable labor de doblaje). Furi, un to­po inseguro y enamorado que aprende que cuando no haces algo por miedo al fracaso ya has fracasado; Carballo, sabio roble con mirada reflexiva sobre las cosas; Huhu y Hoho, unas moscas molestas, atontadas y cachondas…

Y es que esta gran película, este suspiro para la Disney, tiene de todo: humor (el ratón cubano, por ejemplo), música celta, canciones de Luz Casal (acertada elección) y una alta calidad técnica. Sin olvidar, por supuesto, una perspectiva ante los acontecimientos. «Ideas pertinaces sobre la vida y la moral, la fatalidad y el sentido de nuestros actos», que comenta José-Carlos Mainer en la introducción de la novela, también se desprenden del film. Valores como el compañerismo, el amor, el respeto o la convivencia constituyen algunos mensajes de El bosque animado, tan básicos y manidos como olvidados.

Paloma Romera de Landa