Hable con ella: Estéticas de soledades y abandonos

No puede decirse que Hable con ella plantee un caso de moral que haya que resolver. No hay que resolver nada. Se trata más bien de un acercamiento sentimental al autor de un acto inmoral que tiene, además -en la realidad y en la película-, calificación de delito penal.

Es muy cierto que en ésta y en otras películas de Almodóvar -como en muchas películas actuales- nos movemos, de hecho, entre unas personas que viven en una situación… inquieta, por decirlo de algún modo. El tema y argumento de la película son otros, pero, de hecho, la realidad de fondo -que no es tema ni suele afectar al argumento de la película- es inquietante e incómoda. Está ahí como telón de fondo.

En Hable con ella, el padre del protagonista (Javier Cámara) le abandonó a él, cuando era niño, y a su madre, para -dice- crear otra familia en Suecia. El amigo del protagonista (Darío Grandinetti) estuvo viviendo -antes de empezar la película- con una amiga que le dejó, y luego -ya en la película- vive un breve tiempo con la torera (Rosario Flores), que acaba de ser abandonada por un torero…

Rosario Flores en Hable con ella, de Pedro Almodóvar
Rosario Flores en Hable con ella, de Pedro Almodóvar

Personajes heridos y desorientados

De este que llamo telón de fondo, de esa realidad inquietante e incómoda, llena de soledades y de abandonos, es de donde surgen las criaturas de Almodóvar: enfermas, heridas, desorientadas.

En otras películas, esas criaturas arrastraban un pasado cruel y cómico a un tiempo, esperpéntico, o de payaso. Y la lágrima del corazón quedaba casi oculta. En Hable con ella ya no es así: Benigno, el enfermero y protagonista, llora junto a las candilejas, quiero decir, Benigno actúa en primer plano en su búsqueda del amor, actúa enfermo, sí, y desorientado. Sin embargo, el acto inmoral, que es además delito, que Benigno el enfermero (Cámara) comete es, y grandemente, tema y argumento de Hable con ella, no telón de fondo. Almodóvar se acerca a Benigno benignamente, suavemente, con lágrimas de sentimiento, tan benévolamente que hasta cabe hablar de sentimentalismo; con una ternura tan exagerada como ajena y lejana a la consideración de toda ley y norma de verdad. Parece una imagen, metáfora de sí mismo, autobiografía deformada de alma.

Con un estilo esteticista -siempre es así, es el suyo-, Almodóvar se adentra en lo que parece ser su experiencia y visión del amor, tan cercano a la muerte, tan fundido con una cierta inquietud o ansiedad neurótica, mitigada con ese esteticismo, vital y al mismo tiempo frío, por no caer en una vulgaridad de realismo ibérico (Almodóvar sólo hace iberismo en las notas de humor: un programa de cotilleo televisivo o una portera curiosa, un grupo de andaluces castizos…).

Una canción escogida y bien presentada, un baile exquisito, un color apabullante…, hacen las veces de religión, o mejor, la suya es una suerte de religión de la belleza, que le obliga a hacer estética hasta la propia desesperación. La fotografía secunda muy bien esta estética.

Hable con ella es el amable Benigno y su apasionada alma desolada. Lo demás, ruido entorno, telón. Diría que es la mejor película de Almodóvar, sin duda la de más serio empeño.

Ficha Técnica

  • País: España, 2002
  • Fotografía: Javier Aguirresarobe
  • Música: Alberto Iglesias
  • Estreno en España: 15 marzo 2002
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