Revolutionary Road: A pescar estatuillas

En el proyecto de Revolutionary Road hay dos hechos que no pueden extrañar a casi nadie. Primero, que el cine -especialmente ese que busca ansiosamente estatuillas- se sienta atraído por la obra de Richard Yates, un conocido escritor norteamericano de la llamada era de la ansiedad, alcohólico, que rela­tó las miserias de la sociedad americana acomodada de los años 50. Y segundo, que el autor de American beauty quedara hechizado por la más famosa de las novelas de Yates, Revolutionary Road, un oscuro, amargo y opresivo drama sobre la desintegración de un joven y aparentemente feliz matrimonio. Para interpretar al matrimonio Wheeler, Mendes ha contado con su mujer, Kate Winslet, y Leonardo DiCaprio. Era la primera vez, después de once años, que la popular pareja de Titanic rodaba junta y, a pesar de que se nota la mano de Mendes y su pasado teatral en una dirección de actores algo sobreactuada, lo cierto es que los dos están magníficos y son firmes can­didatos a ganar un Oscar.

Se ve que Mendes está cómodo con un texto que ha rodado casi al dictado de la novela. La principal dificultad del traslado a la pantalla es que mientras que el guión cinematográfico otorga un protagonismo a partes iguales entre el marido y la mujer, en la novela, aunque relatada por un narrador omnisciente, el principal punto de vista es el de Frank Wheeler. El lector conoce, por lo tanto, algunos datos de su pasado que explican parte de la historia.

Se puede reprochar a la película, como en su momento se ha criticado a la novela, que construye un mundo artificial -y a menudo artificioso- que acaba asfixiando y que resulta poco creíble. Efectiva­men­te, la trama se dirige únicamente a vapulear a una sociedad que ha acabado confundiendo la búsqueda de la felicidad con la búsqueda del bienestar.

El dilema que plantea la cinta es la elección entre la comodidad y los ideales, aunque ni en el texto de Yates ni en la cinta de Mendes hay una pista medianamente convincente de cuáles son estos ideales capaces de salvar la vida a tantos mediocres. Revolutionary Road es un tremendo e incómodo retrato de unos seres acostumbrados a tirar de chequera de sentimientos y evasiones, que viven en la burbuja de su subjetivismo y son, por eso, incapaces de acompasarse: cuando tratan de caminar con el otro acaban tro­pezando y destrozándose. Como ocu­rría en American beauty (y en gran parte del cine dramático contemporáneo), hay un desalentador diagnóstico pero no existe tratamiento, y eso es tan áspero y penoso como las peleas del matrimonio Whe­eler.

La cinta aspira a cuatro Globos de Oro (mejor película dramática, director y actores principales), que es casi lo mismo que decir «nos veremos en los Oscar».

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., Reino Unido, 2008
  • Fotografía: Roger Deakins
  • Montaje: Tariq Anwar
  • Música: Thomas Newman
  • Duración: 119 m. Adultos
  • Distribuidora: Paramount
  • Estreno: 23.I.2009