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Blancanieves (Mirror, mirror)

El director indio de «The fall» logra una sorprendente y valiosa versión del cuento. ****

Mirror, mirror, 2012 País: EE.UU. Dirección: Tarsem Singh Guión: Melissa Wallack, Jason Keller Fotografía: Brendan Galvin Montaje: Robert Duffy, Nick Moore Música: Alan Menken Intérpretes: Lily Collins, Julia Roberts, Armie Hammer, Nathan Lane, Sean Bean, Mare Winningham, Michael Lerner 106 m. Todos los públicos Distribuidora: Tripictures Estreno: 23.3.2012 

Princesa, madrastra, manzana

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Hay películas sorprendentes y Blancanieves (Mirror, mirror) es una de ellas. Si no la firma Pixar, no espe­ras casi nada de una versión para adultos de un cuento tradicional. El último fiasco fue la Caperucita Roja de Catherine Hard­wicke, una versión que, con una pedan­te so­lemnidad, reinterpretaba la fábula en cla­ve psicoanalítica. El resultado fue una cin­ta aburridísima que no gustó a nadie.

La sorpresa es que esta Blancanieves es una película de notable alto: divertida, bien escrita, bien interpretada y con una gran fuerza visual. Dice Bernie Gold­mann, uno de los productores de la cinta, que lo que se propusieron es “hacer una Blan­canieves en versión real que tuviera el sentimiento, la talla y alcance de una pe­lícula de animación”. Y éste es uno de los grandes aciertos de una cinta que, en nin­gún momento, pierde ni el ritmo, ni el sen­tido del humor propios de las buenos tí­tulos de animación.

El arranque -sensacional- con el hilaran­te discurso de la madrasta contando el cuen­to tradicional a su manera, sobre unas imágenes animadas, marca el tono: una película que mima todos los aspectos téc­nicos y visuales (se nota especialmente en este apartado la influencia del direc­tor, el indio Tarsem SinghThe fall-, que imprime un vigoroso sello Bollywood a la puesta en escena, las coreografías de las batallas, la fotografía y el vestuario) sin descuidar la historia, el guión. Y aquí el mérito es mayor, porque no hay cuento más conocido que Blancanieves y, sin embar­go, sin forzar el argumento ni despegar­se excesivamente de la narración de los her­manos Grimm, el equipo de guionistas con­sigue crear intriga. En este sentido, el clí­max de la famosa manzana me parece una genialidad.

Julia Roberts -una actriz que acumula úl­timamente demasiados errores- borda su pa­pel de odiosa madrastra. Su interpretación tiene numerosos registros que se perde­rán en la versión doblada. Lily Collins (la hija de Phil Collins) interpreta con sol­tura una Blancanieves a mitad de camino entre la tradicional princesa de la come­dia romántica y la moderna heroína de acción.

Ana Sánchez de la Nieta