· Crítica La amabilidad de los extraños | Estreno 18 de julio de 2020 en Movistar+, Filmin y Rakuten TV.

· Una película con una buena historia que se podía haber contado mucho mejor

La amabilidad de los extraños: Scherfig con un guion a medio cocer

Lone Scherfig tiene 61 años. Es danesa como Susanne Bier que tiene 60. Ambas, nacidas en Copenhague, estudiaron allí, en la  Escuela Nacional de Cine de Dinamarca.  Desde el año 2000 siempre aparecen entre las mejores directoras de cine con películas muy poderosas, marcadas por una humanidad y una sensibilidad muy llamativas. Hermanos, Después de la boda, En un mundo mejor, por el lado de Bier; Italiano para principiantes, Wilbur se quiere suicidar, An education, por el de Scherfig.

Por otra parte, tras lograr prestigio y muchos reconocimientos con sus mejores películas, ambas comparten una carrera muy irregular salpicada de títulos que cuesta creer que hayan dirigido.

Scherfig venía de hacer Su mejor historia (2016) una película muy por debajo de su talento pero correcta y que se veía bien. Antes había hecho la espantosa The Riot Club (2014). One Day (2011) era un quiero y no puedo.

La amabilidad de los extraños está escrita por Scherfig, que no guionizaba desde Italiano para principiantes (2000). Dice la directora que «estos son temas e historias en los que he querido profundizar durante mucho tiempo, y en cierto momento encontré la manera de que se entrelazaran en la misma película«.

Clara viaja de Buffalo a Nueva York con sus dos hijos pequeños huyendo, en mitad de la noche en coche y con lo puesto, para escapar de su violento marido policía. Una enfermera sensible y abnegada, un chef que acaba de salir de la cárcel, un abogado acomplejado y un chico que no logra perdurar en ningún empleo se cruzarán en su camino con unas demostraciones de bondad y comprensión sencillas y directas en un mundo complejo y mediatizado.

Brazos muy largos

A película vista se entiende que a Scherfig le atraiga el retrato de esa «caridad americana admirable; en medio del panorama político en el que nos encontramos, todavía hay mucha bondad, afecto y sentido de la responsabilidad en el mundo. Cuando los americanos tienden la mano, lo hacen con brazos muy largos«.

Scherfig agradece a los actores (que son magníficos) que «hayan captado instintivamente el tono de la película y la estructura ligeramente inusual, donde el caos de Nueva York se convierte en un claro y preciso paisaje emocional«.

Rodada en Hamilton (Canadá), Copenhague y un par de días en Nueva York la película recuerda mucho esas historias de solidaridad en las que Aki Kaurismäki es imbatible. De algún modo, Scherfig está intentando definir el espíritu de la productora Creative Alliance, una compañía que ha fundado con otros colegas daneses para hacer películas en inglés que tengan maneras narrativas escandinavas.

El arranque de la película es muy bueno, como lo es la estructura episódica, la confluencia de personajes, la manera de salirse a tiempo de situaciones embarazosas apiadándose del espectador aunque se corra el riesgo de fabular… La película tiene una luz muy hermosa, la planificación es buena, los actores respiran estupendamente, hay hermosas localizaciones.

Sin embargo, es evidente que la música es un tremendo error porque lleva la película al territorio del cine sentimental que a Scherfig le va mal, fatal. Hay problemas de tempo porque la trama principal y las subtramas no están bien dimensionadas. Hay pasajes discursivos perfectamente prescindibles que ahorrarían metraje. No era una película para abrir la Berlinale (Scherfig ganó en 2001 el Oso de Oro): la pusieron a caldo.

Con todo, esta Scherfig de 6’5 está muy por encima de otros buenos directores en situaciones semejantes. Hay mucha belleza, verdad y bondad en la historia que tiene unos implícitos muy potentes y sutiles, como la relación con la iglesia católica de la protagonista. No en vano la parroquia en Manhattan entre los edificios de cristal que rechazan todo lo que no sea «rentable» es una isla de bondad y ese aspecto no tiene nada de fábula: la labor de cristianos que ayudan a los más necesitados en tantos lugares del mundo es maravillosa y Scherfig sin mostrar a monjas o curas lo hace evidente a través del maravilloso personaje de la enfermera.

Las otras películas medianejas de la directora danesa nunca habrían podido ser sobresalientes. Ésta sí. Con siete vueltas al guion, pero sí. Te vienen a la cabeza películas como Tierra de abundancia de Wenders, En América de Sheridan y sobre todo esa obra maestra titulada Un hombre sin pasado de Aki Kaurismäki, el finés que vive en Portugal y se acerca a su país solo para rodar.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Sebastian Blenkov
  • Montaje: Cam McLauchlin
  • Música: Andrew Lockington
  • Diseño de producción: Carol Spier
  • Vestuario: Louize Nissem
  • Duración: 112 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: B-Team
  • Dinamarca, Canadá (The Kindness of Strangers, 2019)
  • Estreno en España (plataformas): 18.7.2020
Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor