Séptimo

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La película de Amezcua llega a España después de haberse estrenado con éxito en Argentina (***½)

Dirección: Patxi Amezcua Guión: P. Amezcua, Alejo Flah Fotografía: Lucio Bonelli Montaje: Lucas Nolla Música: Roque Baños Intérpretes: Ricardo Darín, Belén Rueda, Luis Ziembrowski, Osvaldo Santoro, Guillermo Arengo, Jorge D’Elía, Andrea Carballo Duración: 88 minutos Distribuidora: Fox Público adecuado: +12 años

España, 2013. Estreno en España: 8.11.2013

Hora y media de buen suspense

En el año 2009 el guionista y realizador Patxi Amez­cua estrenó su opera prima 25 kilates, que reci­bió una estupenda acogida por la crítica. El thriller sor­prendió tanto por su solidez narrativa como visual en un país como el nuestro, que en aquel momento no con­taba con cine negro de fuste. Ahora Amezcua, aman­­te del cine de género, nos trae su segundo thriller, esta vez una coproducción con Argentina, que pre­­senta diferencias estilísticas claras con la anterior. Los ingredientes básicos de su primer estreno fueron un cine muy negro, con mucha acción y bastante violencia. Pero para este último se ha decantado por un ci­­ne al más puro estilo Hitchcock, del que bebe sin di­simulo.

Séptimo surge de una anécdota personal del director, Patxi Amezcua, que vive con su mujer y sus dos hijos en un séptimo pi­so. Cada día, por la mañana, juega con ellos a ver quién baja antes. Él por el ascensor y ellos por las escaleras. De ahí surge la trama de ficción de esta pe­lícula, en la que el protagonista un día, cuando lle­ga abajo, se encuentra con que sus hijos han desa­pa­recido.

Una premisa sencilla sirve de excusa para montar la historia en torno a un personaje corriente: un pa­dre de familia separado que cada día debe ir a por sus hi­­jos para llevarlos al colegio. Y esta situación de partida uni­­da a elementos del guión que pueden ser importantes o no, como que él sea abogado o que deba dar­­le una pastilla a su hijo, y unida a que casi todo trans­­­curre en un espacio reducido como es un edificio -que pasa a ser un personaje más-, y hasta que haya una rubia entre los protagonistas, remiten al maestro del suspense.

Hay quien podría achacar al guionista que la histo­ria es previsible o que la opción de una sola trama ha­ce que le falte profundidad, pero lo importante, co­mo pasaba en el cine de Hitchcock, no es tanto lo que se cuenta sino la dosis de suspense que gene­ra. Y Amezcua lo resuelve con gran eficacia. La pelí­cu­la busca atrapar al espectador y lo consigue desde el prin­cipio.

En la parcela interpretativa, Ricardo Darín vuelve a estar muy sólido en su papel de padre angustiado por el paradero de sus hijos. El actor argentino aguan­­ta estupendamente los frecuentes primeros pla­­nos.

Visualmente poderosa, está muy bien mon­ta­da, con poco diálogo y una estupenda música de Ro­que Ba­ños que contribuye a aumentar la trepi­da­ción interior de la pareja y la intriga.

Sofía López


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Sofía López
Profesora universitaria de Cine Español y Estética Musical. Directora Grado Comunicación en Centro Universitario Villanueva