La mula

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A pesar de una catarata de problemas, la adaptación de la novela de Eslava Galán ha visto la luz. ¿El resultado? Poquita cosa. **½

DIRECCIÓN: Anónimo GUIÓN: Juan Eslava Galán FOTOGRAFÍA: Ashley Rowe, Ángel Luis Fernández. MONTAJE: Teresa Font  MÚSICA: Óscar Navarro.INTÉRPRETES: Mario Casas, María Valverde, Secun de la Rosa, Chiqui Maya, Mingo Ruan. DURACIÓN: 100 min DISTRIBUCIÓN: Wanda Visión PÚBLICO ADECUADO: +16 años (D)

España (2013). Estreno en España: 10/5/2013

Mi carro me lo robaron

De La mula se lleva hablando años en España. La adaptación de la novela de Juan Eslava Galán –basada a su vez en los recuerdos de su padre- protagonizada por una pareja de superfamosos televisivos (en realidad lo de televisivos sobra si digo superfamosos) y dirigida por un conocido director inglés.

Michael Radford (El cartero (y Pablo Neruda), El mercader de Venecia, Un plan brillante) se bajó del barco unos días antes de terminar la película por desencuentros con la productora.

La película entró en una espiral de problemas de todo tipo (técnicos, cinematográficos y legales) que hicieron peligrar el estreno. Al final, se estrenó en Málaga, con premio al mejor actor, para un Mario Casas que estaba que no se lo creía, a pesar de que en esta edición del festival andaluz tampoco había muchos colegas que pudieran quitarle el premio.Historietas aparte, ¿cómo es La Mula? Muy poquita cosa. El caos en su proceso final se nota en la falta de personalidad de la película, que cambia de tono con demasiada facilidad, acumula un par de finales y no se sabe muy bien a donde va.

La cinta es una mezcla de comedia –el arranque es de sketch de Gila-y drama, reivindicación política y llamadas a la concordia sin solución de continuidad. A esta sensación de batiburrillo contribuye también el interés de los productores y el guionista por no resultar maniqueos… ni tampoco lo contrario. Fueron atinadas las declaraciones de Eslava Galán pidiendo volver a sepultar el hacha de guerra que había desenterró una sesgadísima ley de la memoria histórica. Un llamamiento sensato a pasar página de un suceso que ya ha causado demasiada sangre y sufrimiento.

Esta actitud de Galán se percibe en que los malos –que son los nacionales, claro- están mucho más matizados que en la media de las películas sobre la Guerra Civil española. Hay un esfuerzo por suavizar perfiles. Otra cosa es que la película trate con equilibrio –la guerra no fue de malos contra buenos sino de españoles contra españoles- los dos bandos… Eso, a lo mejor en el siglo XXII lo verán nuestros nietos. Pero en cualquier caso, el intento es loable.

Por otra parte, la película hace aguas donde no debería hacerlas… en la interpretación de María Valverde cuyo risible acento andaluz hace que Mario Casas parezca Daniel Day Lewis

Ana Sánchez de la Nieta