Leto

Crítica de la película

Rodada en un brillante blanco y negro panorámico, los números musicales tienen la fuerza de una opción estética chispeante

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Leto

· No obstante, aunque Leto funciona como parábola, es ci­ne del bueno. Una película muy divertida con ecos de La, La, Land que logra la cuadratura del círculo.

Que vienen los rusos

Leto es la segunda película del cineasta ruso Kirill Se­rebrennikov -en arresto domiciliario en Rusia- y demuestra una vez más el estado de gracia de la cinematografía de los países del Este.

La acción se sitúa en Leningrado durante un verano a principios de los 80: el rock está en pleno apogeo en la ciudad. Viktor Tsoï, un joven músico que creció escuchando a Led Zeppelin, T-Rex y David Bowie, busca ha­cerse un nombre. El encuentro con su ídolo Mike y su es­posa Natacha, da un giro a su trayectoria.

El filme tiene a su favor un claro mensaje; los hechos na­rrados tuvieron lugar hace cuatro décadas, pero las cir­cunstancias del país, Rusia, no han cambiado mucho. Leto es un filme oportuno y el Festival de Cannes -donde pu­dimos verla-, que tiene como siempre una subterránea agenda política, supo explotarlo. El año pasado se pro­dujeron miles de detenciones en protesta por la enésima victoria electoral de Vladimir Putin. Una lectura fá­cil asimila a los héroes de la película, los componentes de una nueva ola rocanrolera a principios de los soviéti­cos ochenta, a Navalni y los -pocos- opositores que se han enfrentado al reinado eterno del “nuevo zar”.

No obstante, aunque Leto funciona como parábola, es ci­ne del bueno. Una película muy divertida y chispeante con ecos de La, La, Land que logra la cuadratura del círculo: también es un melodrama enraizado en uno de los pa­sajes más brillantes del primer David Lean. Un guion re­dondo cuyo autor ha de ser liberado con urgencia; el ci­ne mundial necesita su talento.

Además la película está rodada en un brillante blanco y negro panorámico, y los números musicales tienen la fuer­za de una opción estética chispeante. Quedan planos para la antología: una secuencia playera con ecos de la Dolce Vita, una cabina de teléfonos bajo la lluvia, la profundidad de campo cuyo primer término siempre des­miente el telediario que al fondo canta las alabanzas del sistema.

Reseña Panorama
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Fernando Hdez. Barral
Profesor de Historia del Cine y Análisis del texto audiovisual