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Walesa. La esperanza de un pueblo [8]

Lo que hace Andrzej Wajda en esta película es impresionante. Que lo haga con 85 años añade mérito.

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Dirección: Andrzej Wajda Guión: Janusz Glowacki Fotografía: Pawel Edelman Montaje: Milenia Fiedler, Grazyna Gradon Intérpretes: Robert Wieckiewicz, Agnieszka Grochowska, Iwona Bielska, Zbigniew Zamachowski, Maria Rosaria Omaggio, Ewa Kolasinska, Miroslaw Baka, Michal Czernecki           

Duración: 127 min. Distribuidora: A Contracorriente Público adecuado: +12 años

Walesa. Czlowiek z nadziei. Polonia 2013. Estreno en España: 1.1.2015

 Un electricista polaco

Que a Walesa le haya gustado lo que Wajda cuenta de él en esta película estrenada en Polonia en 2013 es un dato. Un dato que como todos hay que saber interpretar. Alguien simple, mal informado, frívolo o malévolo podría apresurarse a poner la etiqueta de hagiografía a la película del maestro Wajda. Nada más ajeno a la realidad.

El director de El hombre de hierro (1981) vuelve sobre unos hechos que ya retrató en esa gran  película, ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Esta vez ha trabajado con un guión de un veterano de 76 años, que como él vivió los acontecimientos que se cuentan.

Wajda usa imágenes de archivo y las pone junto a las que filma el siempre brillante Pawel Edelman, que tanto y bien ha trabajado con Wajda y Polanski. Edelman retrata la vida en la Polonia industrial de los 70 y 80 con una enorme sabiduría. El diseño de producción y el vestuario ayudan a que el espectador se haga cargo de lo que ocurrió y de cómo eran los protagonistas.

El relato es muy inteligente. No se trata de contar la vida de Walesa de una manera convencional. Partiendo de una célebre entrevista que la periodista italiana Oriana Fallaci hizo al lider sindical, la película se acerca de un manera  antiheroica (voluntariamente antiheroica me permito subrayar) a la figura de un electricista de un astillero que lidera un sindicato que se enfrenta a la dictadura comunista de un país que teme una intervención soviética como ya había ocurrido antes en Checoslovaquia.

Wajda es un cineasta como la copa de un pino y, precisamente por eso, nos presenta a un Walesa que hace lo que tiene que hacer y lo hace sin glamour, sin las maneras de un héroe americano, con unas formas y un estilo que incluso puede resultar irritante, especialmente para el espectador que no sea polaco. Sus gestos (ese quitarse el anillo y el reloj al salir de casa camino del astillero, diciendo a su mujer que si no vuelve los venda) son los propios de alguien extraordinariamente ordinario. Un tipo con una capacidad de liderazgo arrolladora que se enfrentó al paquidermo comunista con una sagacidad de andar por casa, que no había aprendido en los libros. Un hijo de la iglesia de Polonia que cuando Fallaci le regala un ejemplar de la recién publicada enciclica Laborem excersens de JuanPablo II, dice que no necesita leerla porque está de acuerdo con todo lo que dice el Papa…

El director de Danton hace un retrato de Walesa en el que su mujer Danuta es una pieza clave. Las interpretaciones son magníficas y la honradez de la película verdaderamente modélica. Wajda estuvo junto a Walesa en Gdańsk cuando comenzó Solidaridad. Sabe perfectamente de lo que habla.

La secuencia del célebre fragmento del discurso de Juan Pablo II en su visita a Polonia en 1979, pidiendo al Espiritu Santo que descendiese sobre Polonia, contemplada en una televisión por el matrimonio Walesa y los policías que vienen a llevarse al sindicalista por enésima vez es un portento.

Toda la película lo es. Aunque no lo parezca, insisto. Así de grotesco era y es el comunismo. Así era Walesa, con virtudes y defectos.

 Alberto Fijo

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor