Los pájaros

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Hitchcock contrató un entrenador de aves, que se liaron a picotazos con los actores en más de una ocasión.

The birds, EE.UU., 1963. Dirección: Alfred Hitchcock Guión: Evan Hunter Fotografía: Robert Burks Montaje: George Tomasini Música: Bernard Herrmann Intérpretes: Tippi Hedren, Rod Taylor, Jessica Tandy, Suzanne Pleshette, Veronica Cartwright, Ethel Griffies Distribuidora DVD: Universal 115 min. +16 años

Tras el estreno de Los pájaros, las tien­das de animales de compañía sufrieron un llamativo descenso en las ventas, tal fue el pánico que produjo la po­sibilidad de un ataque de aves, organizado, masivo y sin causa determina­da contra los humanos.

Hitchcock (Encadenados, Con la muerte en los talones) leyó en la prensa de California la noticia de una extraña invasión de aves marinas que causó destrozos en la ba­hía de Monterrey. Y recordó un relato de Daphne Du Maurier, la autora de Rebe­ca. Lo que iba para capítulo de la se­rie de TV, creció: no quiso el cineasta ha­cer una película sobre pájaros asesinos, sino sobre el arco de transformación de unos personajes sometidos a una fuer­za misteriosa. Melanie (Tippi He­dren, sustituta de Grace Kelly y Glo­bo de Oro) es la caprichosa y muy be­lla hija de un magnate de la prensa que disfruta gas­tando bromas más o me­nos inocentes. Mitch es un abogado sol­tero, entrado en la treintena y sin ga­nas de comprometerse. La madre viu­da de Mitch vive ator­mentada con la po­sibilidad de quedarse sola. Annie es una maestra frustra­da por un amor no co­rrespondido… En el ambiente, incredulidad pseudocientifista y superstición apocalíptica… y una pa­reja de pe­riquitos.

Hitch juega con la información (con la desinformación) de manera brillante. La clave es que no sepamos por qué, ni cuán­do, ni dónde atacarán unas aves ha­bi­tuales en el pueblo de Bodega Bay, cer­ca de San Francisco, en plena ci­vilización. La película causó sensación, ge­nerando controversia sobre un pre­ten­di­do alcance metafórico. Todo con­tri­bu­ye a sembrar inquietud en el es­pectador. El uso del sonido es clave por­que crea una tremenda incomodidad en una película sin música. Amor, mis­terio, miedo, pe­ligro. Hitch en estado puro.

Es fácil imaginar y escribir un ataque por sorpresa de gorriones, gaviotas, cuer­vos y cornejas, pero hacerlo es otro can­tar. Hitch contrató un entrenador de aves, que se liaron a picotazos con los actores en más de una ocasión. Las es­cenas con niños requirieron efectos vi­suales (ganaron el Oscar) para no exponerles al furor pajarero.

Para dar más miedo, la película no lle­va el habitual “The End”.


Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla