Brooklyn

Con un tono elegante que recuerda al mejor cine clásico, Saoirse Ronan opta al Oscar por este drama romántico ambientado en la década de los 50

Brooklyn (John Crowley, 2015)
Brooklyn (John Crowley, 2015)

Brooklyn: Retazos de vida

· Brooklyn | En el guion de Brooklyn no encontramos sucesos apa­ratosos, ni siquiera grandes dramas. Lo que vive la pro­tagonista es lo mismo que experimenta cualquier mujer joven alejada de su familia.

Hay películas que parece que proyectan la vida en un espejo, en lugar de en una pantalla. Sus sinopsis es­tán construidas con los mismos mimbres que se cons­truye la existencia humana y parece que en sus guio­nes no hay artificio alguno, solo la limpia narración de esa apasionante aventura que se llama vivir.

Eso es lo que le ocurre a Brooklyn, la historia de una jo­ven irlandesa que, en la década de los 50, emigra a Es­tados Unidos para conseguir un trabajo. Allí, en me­dio de muchas dificultades, encontrará al que puede ser el gran amor de su vida. Este emotivo y aparentemente pequeño drama romántico, adaptación de la novela de Colm Tóibín, se ha convertido en una de las pe­lículas del año. Y eso a pesar de su sencillez, de su apa­rente falta de pretensiones.


En el guion de Brooklyn no encontramos sucesos apa­ratosos, ni siquiera grandes dramas. Lo que vive la pro­tagonista -sensacional Saoirse Ronan que recupera el acento irlandés de su infancia- es lo mismo que experimenta cualquier mujer joven alejada de su familia, enfrentada a una cultura diferente, deslumbrada ante un amor generoso (qué difícil es encontrar últimamen­te una historia de amor luminoso en el cine, y esta lo es), dubitativa ante las encrucijadas que a veces nos de­para nuestra biografía.

Todo eso lo cuenta Brooklyn con una impecable pues­ta en escena, con un tono elegante que recuerda al mejor cine clásico, con una inteligente construcción de personajes secundarios -que están muy presentes… pe­ro casi no se ven- y con un gusto exquisito por el de­talle (el vestuario de Odile Dicks-Mireaux, diseñadora de títulos como El jardinero fiel o An education es solo un ejemplo de este maravilloso trabajo de ambientación).

Se entiende que, desde su estreno en el Festival de Sun­dance, esta película no haya dejado de recibir nominaciones y premios. Se entiende que se haya coloca­do en la casilla de salida para ganar el Oscar. El arte, cuan­do es capaz de embellecer y reflejar la vida, mere­ce todas las medallas.