El retrato de Dorian Gray: Wilde mal leído

La historia de El retrato de Dorian Gray es bien conocida. El joven heredero que llega a Londres y encuentra a Lord Henry, un cínico vividor, que le adoctrina en una versión british del carpe diem, mientras se cuela impetuosamente en la trama la quimera de la eterna juventud.

Oliver Parker (Un marido ideal, La importancia de llamarse Ernesto) dio la talla en la adaptación del Wilde teatral, lúdico, punzante e ingenioso; pero pierde -nunca mejor escrito- los papeles cuando se acerca al Wilde trágico, finamente irónico, terriblemente mordaz, contradictorio y pendenciero, desesperadamente autodestructivo en esta amarga y, a la vez, conmovedora fábula que construye el escritor irlandés sobre la sed de infinito, sobre la belleza que salva y la belleza que aniquila.

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Hace falta mucho talento para conservar las esencias de la genial novela en una película y Parker cae en una trampa de principiante: mostrar lo que Wilde sugiere, olvidarse del alma del relato y ocuparse principalmente del cuerpo. Actuando de esta forma, la historia pierde sutileza y se hace reiterativa, incluso evidente y mecánica. Una lástima.


Lo mejor: El diseño de producción.

Lo peor: La superficial lectura de la obra de Wilde.

Ficha Técnica

  • País: Reino Unido (Dorian Gray, 2009)
  • Fotografía: Roger Pratt
  • Música: Charlie Mole
  • Duración: 107 min.
  • Público adecuado: +18 años (violencia, Sexo crudo)
  • Distribuidora: Aurum
  • Estreno en España: 11 junio 2010
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