Godland: Ceguera frente a lo humano

· Crítica de Godland | Estreno 11 de agosto de 2023.
· La película está rodada en formato cuadrado y alterna grandes planos generales, donde figuras diminutas atraviesan el vasto paisaje islandés, con planos medios y primeros planos de los personajes.

La historia que nos cuenta Godland, del director islandés Hlynur Palmason, parte de un hecho histórico: el hallazgo de una caja con fotografías que, a finales del siglo XIX, un pastor luterano danés hizo de los pobladores de Islandia que encontró en su misión; se trata de las primeras imágenes fotográficas de la isla y sus gentes. La anécdota, inocua a primera vista, es utilizada por Palmason para hablar sobre la lucha del ser humano contra la naturaleza salvaje y, de paso, hacer un juicio rotundo sobre la presunta imposición del cristianismo en esas tierras. Hay algo dramático y contradictorio en la entraña del protestantismo que le va al cine como anillo al dedo; pensemos en títulos como Ordet (1955), Los comulgantes (1963), El festín de Babette (1987) y, más recientemente, en Cartas al padre Jacob (2009). La película de Palmason se sitúa en esta tradición y, al mismo tiempo, se distancia de ella por un desenlace que niega la redención a sus personajes.

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El ingrediente clave de Godland es su planteamiento visual, obra de Maria von Hausswolff. La película está rodada en formato cuadrado -para evocar las fotografías tomadas por Lucas, el pastor enviado a evangelizar esos parajes- y alterna grandes planos generales, donde figuras diminutas atraviesan el vasto paisaje islandés, con planos medios y primeros planos de los personajes. Vemos imágenes sobrecogedoras de desfiladeros, ríos, cascadas y valles desérticos (parecen cuadros de pintores románticos, como Friedrich); en todas ellas hay una belleza misteriosa que resiste los embates de la maldad encarnada por los protagonistas. Según explica Palmason, el contraste entre la amplitud de la naturaleza y la pequeñez de los seres humanos hace de la película un western nórdico.

Vale la pena mencionar, también, el ritmo pausado del filme. En dos ocasiones la cámara hace un lento barrido de trescientos sesenta grados, invitándonos a contemplar cuanto nos rodea. En otro momento, una sucesión de planos cenitales nos muestra la descomposición, a lo largo de un año, de un caballo muerto. La larga duración de los planos nos dice algo sobre la persistencia de la naturaleza, su lento crecimiento, del que nada saben las prisas que empujan al protagonista.

Finalmente, la situación de Lucas, el pastor, nos sugiere una visión problemática de la religión. No deja de ser elocuente que sea precisamente un cura quien porte consigo una pesada cámara fotográfica y retrate con ella a quienes él elige a capricho. Es como si la salvación se produjera en los segundos en que la luz impresiona la película -inmortalizando así a los que posan frente al artefacto- y sólo unos pocos pudieran alcanzarla. Además, el pastor exige que los retratados permanezcan quietos, como si estuvieran muertos, según dice él mismo, con el rostro serio. No obstante, Lucas parece estar ciego frente a los seres humanos que encuentra en su viaje; sólo es capaz de verlos a través de su cámara, con la imagen invertida, ajustada a estrictos cánones. Pesadumbre, rigorismo, predestinación; palabras que definen la imagen que Hlynur Palmason pinta del cristianismo.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Maria von Hausswolff
  • Montaje: Julius Krebs Damsbo
  • Música: Alex Zhang Hungtai
  • Duración: 142 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: A Contracorriente
  • Dinamarca (Vanskabte Land), 2022
  • Estreno: 11.8.2023
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