La amenaza fantasma (Star Wars 1): Mucha amenaza para tan poco fantasma

¿Qué tendrán Stevenson y Tolkien, Ford y WalshEn busca del arca perdida y La Guerra de las Galaxias?: lo que leímos y contemplamos con 14 años de entusiasmo juvenil nos seduce y apasiona de un modo más reflexivo, después de cientos de libros y kilómetros de películas. Así arrancó un coloquio que enredó a un centenar de profesores y estudiantes de Humanidades. Y hablamos, cómo no, de La amenaza fantasma y de la salud del cine de aventuras.

Algunas cosas inteligentes se dijeron. Un puñado de sólidos motivos para decirle a Lucas que lo suyo son los efectos especiales y la producción, que sería muy inteligente por su parte seguir contratando directores mercenarios para comandar sus proyectos. En lo que a efectos y puesta en escena se refiere no caben más que elogios: la película es un goce continuo. Pero seamos honrados y apliquemos a Lucas la vara de medir con la que se ha destrozado a tantos principiantes: una estética sublime engrandece una buena aventura y eleva al rango de obra maestra una buena aventura bien contada. Recuérdese Star Wars o Raiders Lost Arc. Una estética sublime no puede sostener una historia anodina y repetitiva, servida en forma de un guión casi inexistente y, para colmo, mal llevado (Mr. Lucas, el uso de las cortinillas provoca la vergüenza ajena de un profesional de cuarta fila). Cuando el diálogo no sirve más que para evidenciar que la gente habla, ocurre que el espectador sufre al ver cómo un muñeco orejón y demás bestiario&maquinaria le roban plano tras plano a un actor portentoso llamado Liam Neeson, a una presencia tan distante y gélida como Natalie Portman (la niña inolvidable de León, el profesional).

A La amenaza fantasma le faltan personajes con carisma (Solo, Skywalker, Leia lo tenían) y le sobran muñequitos ridículos. El dark sí que sale perdiendo por goleada porque los malos causan risa por su torpeza (¿aciertan algún disparo?) y son eliminados con una facilidad insultante. El error es gravísimo porque la clave de una historia de aventuras está en la calidad del rival al que uno se enfrenta. Si no hay rival, no hay pelea; y si no hay pelea falta la emoción, el riesgo, la magia. Los buenos están tan tiesos, hay tanto envaramiento que los actores (muy buenos) parecen querer volver a la cartelería promocional del filme. En una aventura épica que se precie, esperamos una historia de amor (el caballero lucha por su dama) y La amenaza fantasma desaprovecha penosamente el interesante personaje de Amidala.

Lucas ha querido sorprendernos con planos atestados de cientos, miles de soldados, de robots, de público abarrotando las gradas, de naves espaciales surcando el espacio. Como no hay jamón inundemos con mortadela, han debido pensar. La clonación informática no es tan eficaz como el esfuerzo imaginativo que da lugar y vida al mundo submarino y al Reino de Amidala, auténticos desechados del equipo de creativos de Lucas. Hay en varias fases de la película un regusto a videojuego que impide que vibremos con una ficción que debiera transmitirnos la emoción de lo real.

Y qué contar del atentado a la épica aventurera que supone un combate desigual en el que dos caballeros jedis pelean a espada con el malo (cfr. dos contra uno… para cada uno). Item más: el muñeco orejón está bien para los anuncios de Pepsi y pizzas, pero para la película es una piedra de molino al cuello cada vez que aparece.

Y poco a poco, según avanza la película, se afianza la aventurilla galáctica infantiloide y se esfuma la magia. Los burger podrán regalar nuevos muñequitos, las web se llenarán con los trajes de Amidala. Con respeto por la afición a la quincalla, eso es lo que hay. Esperemos la quinta entrega con ilusión y los cuchillos afilados. Y confiemos. Confiemos en que no nos hayan convertido El Señor de los Anillos (ya rodada en Australia con fabuloso coste) en un gigantesco parque de atracciones listo para el estragado e insaciable paladar del paleto universal, con bermudas, camisa de flores y gafas modelo Matrix.

Ficha Técnica

  • Fotografía: David Tattersall
  • Montaje: Paul Martin Smith
  • Música: John Williams
  • País: EE.UU.
  • Año: 1999
  • Distribuidora: Fox
  • Duración: 133 minutos

 

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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor