Aladdin y las mil y una noches

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Aladdin y las mil y una noches

En los últimos años la animación clásica de Disney ha vuelto a esce­na con múltiples remakes en acción real. Allá por 2010, y con el 3D en plena ebullición, Tim Burton ofre­cía su particular versión de Alicia en el País de las Maravillas, que incluso contó con secuela, Alicia a través del espejo (2016). Después llegaron Maléfica (Robert Stromberg, 2014), Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015), El libro de la selva (Jon Favreau, 2016), La Bella y la Bestia(Bill Condon, 2017), Dumbo (Tim Burton, 2019)… Disney ha aprove­chado el filón que suponen estos clásicos y si El rey León se estrenará el próximo 19 de julio y Mulan el 27 de marzo de 2020, ahora acaba de llegar a las pantallas Aladdin (Guy Ritchie, 2019).

El cuento originario en el que es­tá basada la nueva película de Aladdin tiene sus anales en el lejano Oriente, o por lo menos pretende emular la estructura de antaño en la que el entretenimiento y la creativi­dad iban de la mano, buscando ex­plicar en forma casi de parábola una realidad que se expresa de forma pa­ralela con algo que ya se vivió ante­riormente, y que pretende servir de ejemplo para no errar en el futuro.

“El británico Guy Ritchie dirige el remake en versión real de Aladino (interpretado por el polifacético Will Smith) y la lámpara maravillosa, que se estrena en las salas españolas el 24 de mayo”

Los cuentos de Las mil y una no-ches se remontan al medievo, una época donde era importante trans­mitir la información de forma lúdi­ca, pues la cultura era algo lejano para una sociedad que estaba en vías de construcción y donde el teo­centrismo marcaba el destino de los hombres, frenando el posible avance del humanismo y la ciencia.

En España encontramos libros como los ejemplos del Conde Lucanor, o en Italia, el Decamerón o losCuentos de Canterbury, que incluso tenían más en común con los orien­tales por su faceta epicúrea, y por tanto la consiguiente censura en España de su lectura, en diferentes períodos históricos.

El hilo conductor de Las mil y una noches recae sobre la figura de Sherezade. La joven, supuestamente, amenizaba las horas nocturnas del rey Shahriar, con estos relatos, para llegar hasta el amanecer sin revelar el final de la historia que le narraba. De este modo, evitaba ser decapita­ da como el resto de las esposas del cruel monarca.

Hay diferentes teorías sobre este hecho, entre las que se encuentran el de desprender los cuentos de su narradora, ya que se piensa que pu­ dieron emerger simplemente con la finalidad de hacer más llevaderas las largas noches en el desierto para los viajeros de la Ruta de la Seda.

En definitiva, este texto polimór­fico no queda totalmente cerrado hasta casi el siglo XIX, ya que las di­ ferentes traducciones del mismo a lo largo del tiempo, supusieron la ad­ hesión de nuevos cuentos despren­ didos de sensualidad (e incluso las­ civia) y un poco más edulcorados, como es el caso de Aladdin.

Su aparición podría ser alrededor de los siglos XVII o XVIII en una épo­ca en que Francia era la ebullición de la didáctica y el buen hacer, uti­ lizando los recursos de la antigüe­ dad para incluir historias como la de Simbad el Marino, Alibabá y los cuarenta ladrones o la propia Aladino y la lámpara maravillosa.

Aunque los puristas consideren esta y otras historias como espurias y se afanan en hacerlas desaparecer del manuscrito original, esto no ha impedido que algunos disfrutemos de ellas en la lectura y en la gran pantalla, ya que Las mil y una no- ches ha sido llevada al cine en mul­ titud de ocasiones.

En 1942, John Rawlins dirige una versión de Las mil y una noches (Arabian Nights) con María Montezen el papel de Sherezade. Otra ver­sión es la película mexicana dirigi­da por Fernando Cortez junto a la rumbera cubana María Antonieta Pons (Las mil y una noches, 1957). Pier Paolo Pasolini aporta su ver­sión de 1974 en la que, como es cos­tumbre en este director italiano, no se encuentra el mínimo atisbo de dulcificar la faceta más hedonista dela obra y no faltan varios desnudos explícitos.

Hay múltiples opciones televisi­vas, series de animación e incluso un ballet (Sherezade) de fama mun­ dial, pero la joya de la corona llegó en 1992 de la mano de Disney con la versión de Aladino y la lámpara maravillosa.

Aladdin (1992)
Aladdin (1992)

En este filme, dirigido por John Musker y Ron Clements, encontra­mos una historia atractiva para to­ dos los públicos, con un Aladdin joven, pobre y ladronzuelo al que cambia su suerte del día a la noche, cuando ayuda a Yafar a recuperar una lámpara mágica y se topa con un genio eje central de la historia­, el cual le concede tres deseos.

De paso sería injusto no pararnos en nuestro azulado personaje para comentar la maestría de su doblaje, realizado por el hombre de las mil caras y tristemente fallecido, Robin Williams, y a su vez retomado en la versión española por Josema Yuste, quien hace los honores de la mejor manera posible sin desmerecer al original.

“La versión de 1992 obtuvo dos merecidos galardones en la entrega de los Oscar, uno por la mejor banda sonora y otro por la mejor canción original, Un mundo ideal, o en la versión original, A Whole New World”

En cuanto a su banda sonora, ob­tuvo dos merecidos galardones en la entrega de los Oscar, uno por la me­ jor banda sonora y otro por la mejor canción original, Un mundo ideal, o en la versión original, A Whole New World, interpretada por Brad Kaneen la voz de nuestro príncipe­mendi­ go, y Lea Salonga como Jasmine, narrando la emoción del maravillo­ so paseo de ambos personajes en la alfombra mágica. Su homónima en España no desmerecía la anterior, de la mano de Ricardo Montaner y Michelle Early. De hecho Guy Rit- chie utiliza el tema como reclamo en el tráiler de la nueva versión.

El 24 de mayo hemos tenido la opor­tunidad de ver a Mena Massoud (Aladdin) luchar por el amor de Naomi Scott (Jasmine), utilizan­ do las artimañas de un genio muy peculiar, encarnado por Will Smith, que nos llevará a soñar de nuevo con Un mundo ideal.