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Isla de perros

Segunda película de animación stop motion de Wes Anderson ambientada en un futuro cercano en la ciudad japonesa de Megalópolis

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Isla de perros

· Anderson japoniza en Isla de perros una historia con una larga tradición occidental: la segregación discriminatoria, el abuso del poder por los populismos, las medidas excepcionales que tienden a eternizarse por la apelación al miedo como instrumento de control.

Anderson no es Roald Dahl

Me gustó Fantástico Mr. Fox. La historia de Dahl tenía chispa y la realización de Anderson, con un uso inteligente del stop motion, era brillante, divertida, con un humor muy british pero humor al fin.

Isla de perros es una película ambiciosa, como lo era el cuento de Dahl, como todas las grandes fábulas. Anderson y sus colegas de toda la vida (Coppola y Schwartzman) reformulan los sumandos de su cine (excéntrico, naïf, cultureta, juguetón y cuqui) y los aplican a una historia inversamente proporcional al cine de Miyazaki. Mientras el maestro de la animación japonesa procura universalizar sus relatos sin privarles de un intenso sabor tradicional, Anderson japoniza en esta película una historia con una larga tradición occidental: la segregación discriminatoria, el abuso del poder por los populismos, las medidas excepcionales que tienden a eternizarse por la apelación al miedo como instrumento de control.

El resultado de esta historia perruna, con un terco rescatador humano que viaja a una isla de canes desterrrados para encontrar a su mascota, es visualmente atractiva y a ratos hasta brillante.

Isla de perros
Isla de perros (2018), de Wes Anderson

Se reconocen las estrategias de lenguaje visual que han dado a Anderson un sello muy característico: las peculiaridades en espacio, línea, forma, tono, color, movimiento y ritmo.

La frialdad de los personajes y la manera mecánica de desplegar los conflictos de relación hace que la película primero sorprenda, luego aburra y finalmente remonte para terminar de forma aceptable.

En suma, una película de muy buena factura, con el habitual humor andersoniano hipsterizado que tapa con una brillante estética los agujeros de una historia que está muy por debajo en calidad de los cuentos de Dahl.

Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor