De Salamanca a ninguna parte

De Salamanca a ninguna parte: La nueva ola española

De Salamanca a ninguna parte | Claude Chabrol no creía que existiera una «nueva ola» sino que existía el mar. Un mar donde confluyen los cineastas capaces de reaccionar ante las estructuras caducas de su tiempo. En lo que se refiere al cine español, los años 50 significaron para algunos el comienzo de una lucha detrás de la cámara que desembocó en un enfrentamiento con el cine aburguesado promovido por el estado.

Chema de la Peña (Schacky carmine, 1999) y Óscar de Julián rinden tributo a los creadores del Nuevo Cine Español que empezaron su carrera artística en los años 60 reinventando un neorrealismo italiano a la española, con la apuesta por salir a rodar a la calle y hacerlo con una mirada crítica de la que carecía la industria del momento, controlada como todas las demás por la administración franquista.

Basilio Martín Patino, Miguel Picazo, José Luis Borau, Mario Camus o Manuel Summers son algunas de las voces elegidas para transmitir el espíritu de Salamanca. El propio título de esta película documental hace referencia a las Conversaciones sobre la Cinematografía que se realizaron en mayo de 1955, promovidas por Bardem, con el aval del Partido Comunista. De allí es aquel célebre diagnóstico-pentagrama del director de Muerte de un ciclista sobre el cine español: «políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico».

50 años después

Unas Conversaciones que, por cierto, pasados los años, no son valoradas de manera uniforme. Por ejemplo, Berlanga dijo hace escasamente dos meses en Valencia que «al año y medio o así [de las Conversaciones] me di cuenta de que habíamos metido la pata. Fue un error histórico, y a partir de ese momento empecé a intentar estúpidamente -porque me debí haber dedicado sólo a dirigir cine- luchar por la regeneración de aquella infraestructura industrial tan espléndida que se había perdido. Un país que quiere tener cine necesita una industria. Y claro, una industria no es el despacho de un ministro. Se necesitan presupuestos fuertes, el mayor número posible de géneros, hay muchos más que la comedia urbana, de verdad, y una buena formación para los técnicos».

De la Peña y De Julián realizan un montaje sencillo con diferentes cortes de entrevistas a los cineastas. Siguen una línea cronológica de los acontecimientos desde las primeras clases de la Escuela Oficial de Cinematografía hasta las primeras enhorabuenas y reconocimientos en Festivales Internacionales de los entonces jóvenes artistas. Mientras Patino rememora su inconformismo ya nostálgico, Picazo se emociona recordando su Tula y Borau recuerda las primeras proyecciones en la Escuela. La película no tiene especiales pretensiones artísticas, y para situarnos mejor reproduce los primeros anuncios televisivos, los bailes de Georgie Dann, fragmentos del Nodo, y cómo no, secuencias de grandes películas. Nueve cartas a Berta, Del rosa al amarillo, Los golfos o La tía Tula son algunas de las elegidas para mostrar la otra cara del cine de aquellos años, en ocasiones olvidado, y a veces desconocido.

Puede que este Nuevo Cine estuviera a remolque de la Nouvelle Vague, el Free Cinema o el Cinema Novo, y que no consiguieran crear una estética perdurable. Pese a todo, estos cineastas supieron llegar hasta el fondo de un país necesitado de cambios y renovación, ayudando a un giro en la producción fílmica y lo más importante, fueron testigos de su tiempo. El documental mantiene una línea in crescendo por su valor didáctico a través de la experiencia. De Salamanca a ninguna parte, sin valores estéticos dignos de mención, se convierte en un reportaje interesante realizado desde la cercanía y la admiración a los directores.


De Salamanca a ninguna parte (2002):

País: España Dirección: Chema de la Peña, Óscar de Julián Fotografía: Rafael Roche Montaje: Lara y Royo Voz en off: Natalie Seseña