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Los siete magníficos

Crítica de la película

Western de corte clásico pero con un uso de la acción más espectacular que la versión original, signo de los tiempos

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Los siete magníficos

· La fiebre del remake no es nueva, la película original de John Sturges era un remake de una película japonesa.

Un remake que merece la pena

Los siete magníficos cuenta la historia de uno de tantos puebluchos del Oeste, en este caso Rose Creek, que ha tenido la mala suerte de caerle en gracia al industrial local. Ni corto ni perezoso envía a sus matones a negociar la venta o cesión de sus tierras a los actuales propietarios. Finalmente, alguien decide plantarle cara y contrata a unos pistoleros para que les defiendan.

La fiebre del remake no es nueva, la película original de John Sturges era un remake de una película japonesa; el último Ben-Hur no era una imitación del de William Wyler sino, más bien del de Niblo, mudo él, de hace noventa años. Lo que importa de los remakes es que generalmente remozan buenas historias, aquellas que merecen ser contadas y que agradarán al nuevo espectador como la versión anterior encantó a sus mayores; a veces la nueva versión despierta el entusiasmo por conocer la vieja. No importa el número de veces que se repita la misma historia si se cuenta bien, es decir, si la cinta es buena.

La nueva versión, dirigida por Antoine Fuqua (El protector, Objetivo: La Casa Blanca) está lograda. Es un western de corte clásico, con todos sus ingredientes: saloons llenos de humo, pistoleros, cabalgadas arma en mano, duelos en la calle mayor, gente sencilla que acude a la iglesia y un gran disfrute de exteriores en una preciosa panorámica. La película es larga, y se hace corta, lo que dice mucho del buen hacer del director.

La historia, como sus modelos, destaca el heroísmo de unos hombres que cabalgan a sabiendas a una muerte segura, por defender a otros hombres que no tienen quien les defienda; y lo más interesante es que ninguno de ellos, salvo tal vez Denzel Washington, sería una compañía recomendable; todos ellos tienen un pasado, apenas revelado en unas miradas y gestos que en el caso de Ethan Hawke son más que un discurso. De alguna manera todos ellos buscan la redención y encomiendan su alma al creador. La composición del grupo, signo de los tiempos, incluye a un afroamericano, a un hispano, a un indio y a un oriental. La acción, también signo de los tiempos, es más animada, más espectacular que la original, hasta la exageración y exceso, pero no le quita interés.

Solo se echa en falta alguna cita memorable, una melodía emblemática y unos rostros inolvidables.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.