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Slumdog millionaire

Crítica de la película

Pocas veces en el cine reciente conceptos tan antagónicos como el clasicismo y la modernidad, el realismo más crudo y los cuentos de hadas han congeniado tan admirablemente como en esta gran película de Boyle

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Slumdog Millonaire

·  El filme se embarca en una narración episódica de toda la durísima vida de Jamal, un huérfano condenado a crecer en los barrios más pobres de Bombay.

El sueño indio de Danny Boyle

Pudiera parecer impensable que el estilo videoclipero del cine de Boy­le fuese el más adecuado para reflejar un contexto tan delicado como el de los barrios bajos de las grandes ciudades indias, pero la mezcla, aderezada con influencias dickensianas y una bellísima historia de amor de trasfondo, funciona de tal manera que convierte desde ya a Slumdog millionaire en una de las películas más importantes de este recién estrenado 2009.

El armazón argumental, ideado por Si­mon Beaufoy (Full Monty), tomando co­mo base una novela del escritor Vikas Swarup, es además tremendamente ingenioso: la cinta arranca con la imagen de un joven indio llamado Jamal Malik siendo interrogado brutalmente por dos hombres que le acusan de haber hecho trampas para llegar a la última pregunta del concurso televisivo de cultura general ¿Quieres ser millonario? A partir de ahí el filme se embarca en una narración episódica de toda la durísima vida de Jamal, un huérfano condenado a crecer en los barrios más pobres de Bombay junto a su hermano y Lutika, una niña que luego se convertirá en su gran amor. A través de ca­da capítulo del testimonio vital de Ja­mal se revelará cómo ha podido contestar a cada una de las preguntas.

Slumdog millionaire es uno de esos ca­da vez más raros casos en los que una pe­lícula se compone de varias capas y niveles, y convence tanto en cada uno de ellos que el conjunto parece haber sido obra del mejor ingeniero fílmico. Para em­pezar, el retrato que ofrece de la In­dia real, aquella que yace debajo de los grandísimos rascacielos y de aquella economía emergente que supuestamente va a poner en jaque a Occidente, es tan cru­do, acertado y despiadado como el que ofreció Meirelles de las favelas brasileñas en Ciudad de Dios. Pero es en el contrapunto donde esta cinta empieza a alcanzar cotas de genialidad: Beaufoy se saca de la manga un arco sentimental, construido a través de recursos más viejos que las piedras, que demuestra que lo que hizo grande al cine hace setenta años, si se utiliza con tanta sapiencia, de­bería estar más vigente que nunca. Por si esto fuera poco, Boyle se apoya también en el montador Chris Dickens y en el director de fotografía Anthony Dod Mantle (Dogville) para crear un filme mu­cho más dinámico, moderno, entretenido y visualmente atractivo que la mayoría de los estrenos mainstream de los últimos tiempos. Y es que no olvidemos que Slumdog lleva la etiqueta de independiente, por mucho que pueda (y de­ba) llegar al corazón de las masas.

Como no podía ser de otra manera, los premios le están ya lloviendo a esta película. Ha barrido entre la mayoría de las asociaciones de críticos de Estados Uni­dos y ya ha ganado el Globo de Oro a la mejor cinta dramática. Ante los Oscar par­te con 10 nominaciones, incluyendo mejor película, director y guión.