Inicio Noticias Making Of El halcón maltés (1941) // John Huston (parte II)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte II)

· La película debía hacerse con un presupuesto máximo de trescientos mil dólares y debía rodarse íntegramente en seis semanas, ni una más.

Parte II: Versiones fílmicas y preproducción

A las pocas semanas de publicarse la novela de Hammett, en octubre de 1930, la Warner Bros compró los derechos para su adaptación a la gran pantalla por tan sólo 8.500 dólares. En 1931 produjo una primera versión, muy precipitada, que fue dirigida por Roy Del Ruth y escrita por Maude Fulton, Lucien Hubbard y Brown Holmes. La adaptación, que pasó muy desapercibida, era una historia muy desvaída, sin apenas relieve aunque con bastante fidelidad al texto original. Fue producida con muy bajo presupuesto e interpretada por Ricardo Cortez y Bebe Daniels en los papeles protagonistas. La revista Variety dijo de ella que era «un título anodino, del que no cabe esperar mucho más que un simple entremés antes de ver la función principal». (En los años cuarenta sería rebautizada después como Dangerous female para evitar que se confundiera con la versión de Huston).

Nuevas versiones de una misma historia

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Todavía en posesión de los derechos, en 1936 se intentó una segunda versión, titulada Satan met a lady (Satán encontró una mujer), menos dura que la anterior y con algunos elementos humorísticos. La adaptación que escribió en solitario Brown Holmes, uno de los anteriores guionistas, presentaba notables diferencias con el texto original de Hammett. Algunos personajes cambiaron su nombre o su caracterización en algunos puntos, pero el que sufrió la metamorfosis más llamativa fue el personaje de Gutman, el «hombre gordo», que aquí aparecía como una mujer: Madame Barabbas, interpretada por Alison Skipworth. También la joya perseguida cambiaba por completo: en vez de una estatuilla en forma de halcón se trataba de un antiguo colmillo de elefante, adornado con valiosos diamantes. La película entera le parecía al público muy diferente a la anterior por su peculiar mezcla de melodrama y comedia. Fue dirigida por William Dieterly e interpretada por Warren William -en el papel de un ingenioso y extravagante Sam Spade– y Bette Davis, entonces bajo contrato en la Warner, en una versión muy moderna del personaje de Brigid (aquí rebautizada como Valerie Purvis). Davis siempre la consideró como la peor interpretación de su carrera.

Así las cosas, no podía sino sorprender la nueva versión de esa historia que, en las primeras semanas de 1941, apareció en el despacho de Jack L. Warner, Jefe de los estudios en aquella época. Contra todo pronóstico el guión le encantó, entre otras cosas porque reflejaba muy bien ese clima de ambigüedad moral, de oscura y desencantada visión del mundo que la historia y los personajes de Hammett manifiestan vivamente en la novela. Buscó el nombre del guionista y descubrió que era John Huston, un escritor peculiar, ex militar y ex boxeador profesional, que había llegado a la Warner junto con su padre, Walter Huston, cuando éste fue contratado como actor. Desde entonces había colaborado en los guiones de importantes películas como Jezabel (1938), Juárez (1939) o Sargento York (1941). Al ver la calidad de este nuevo trabajo, Jack Warner decidió comprar los derechos sobre el guión, pero el joven guionista puso una condición insólita: quería también dirigir la película. Con demasiada frecuencia había visto los recortes, manipulaciones y «destrozos» que sus historias sufrían en las manos de otros directores de la Warner, y había llegado a la conclusión de que no sería feliz en el mundo del cine si no podía plasmar en imágenes sus propias ideas.

Preparativos y revisión del guión

La propuesta era ciertamente arriesgada, pero el guión resultaba tan fascinante que el jefe de la productora se arriesgó a contratarlo también como director a pesar de su inexperiencia. Lo paradójico de este asunto es que, según relata el propio Huston, todo lo que él había hecho era decirle a su secretaria que copiara literalmente los diálogos de la novela, separándolos por escenas según el típico formato de un guión cinematográfico. Y aquella «adaptación» resultó ser la formidable versión que tanto gustó a Jack Warner. Sobre ella hubo después un mínimo trabajo de Huston, que se limitó a intensificar el interés y la continuidad de la narración y a eliminar algunos personajes (la hija de Gutman, el abogado de Sam Spade) que intervenían en tan sólo una o dos escenas. En contra de la práctica habitual, conservó íntegros algunos diálogos inusualmente largos, así como el estilo y el ambiente desarrollados por Hammett. Y es que, afortunadamente, la propia novela facilitaba su inmediata dramatización visual, pues venía a ser, esencialmente, una serie de brillantes diálogos.

Al proyecto, aprobado de forma provisional por el jefe de los estudios, le fueron asignados dos productores: Hal B. Wallis como ejecutivo, y Henry Blanke como asociado. Este último no se las tenía todas consigo, sobre todo porque no simpatizaba con la idea de acometer una tercera versión tras el fracaso al que habían llegado las dos versiones anteriores. Blanke, además, había producido la segunda adaptación y no tenía buenos recuerdos de aquella historia. Sin embargo, John Huston supo explicarle con detalle su proyecto y convencerle de que tenía una nueva imagen que aportar al argumento. A partir de entonces, Henry Blanke fue uno de sus más entusiastas colaboradores.

Como era costumbre en la Warner, el guión provisional fue enviado inmediatamente al Production Code Administration, un organismo de autorregulación cinematográfica que la industria había creado para prevenir futuros problemas con la censura. Uno de los directivos de esa organización redactó el informe correspondiente, dirigido a Jack L. Warner, en el que daba su visto bueno a la historia, si bien llamaba la atención sobre algunos aspectos procelosos: demasiada bebida, demasiados tacos y exabruptos, y alguna que otra escena violenta (una nariz rota, un cadáver en un charco de sangre, etc). Con todo, el informe señalaba claramente cuál iba a ser el punto más conflictivo con la censura: «Es esencial que Spade no actúe, bajo ningún concepto, como si hubiera tenido relaciones con Iva, la viuda de su socio (algo que la novela insinuaba en un par de diálogos). Por tanto, sugerimos que se elimine la referencia al abrazo entre ellos cuando vuelven a verse juntos, así como algunas líneas del guión que parecen aludir a ese affair».

Además de esta escena, el informe señalaba también algunos otros puntos relativos a la caracterización un tanto afeminada de Cairo, el personaje interpretado por Peter Lorre, y a la implícita relación extramarital entre Brigid y Sam Spade. Todos estos comentarios fueron tenidos en cuenta para la versión final del guión, que se fecha ya en marzo de 1941. Para entonces, lo que era una aceptación provisional pasó a convertirse en un proyecto cinematográfico en toda regla: según la jerga profesional de entonces, el proyecto había conseguido la «luz verde» requerida para entrar definitivamente en la fase de producción.

Eso sí, la aprobación no había sido sin condiciones: la película debía hacerse con un presupuesto máximo de trescientos mil dólares y debía rodarse íntegramente en seis semanas, ni una más. A Huston no le quedó otra opción que elaborar un estricto plan de rodaje en el que todo estaba previsto y calculado con precisión matemática. Y es que sólo así era posible que la película pudiera salir adelante. Afortunadamente, los actores que participaron en ella tuvieron tal carisma y compenetración que el rodaje pudo hacerse en el constreñido tiempo previsto.

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte I)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte III)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte IV)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte V)

Alfonso Méndiz
Alfonso Méndizhttp://alfonsomendiz.blogspot.com.es/
Decano y Profesor de Publicidad y Cine en la @ComUIC