Camino a la libertad

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Impresionante historia de tesón y resistencia del gran Weir. Un grupo de presos de un gulag siberiano escapa de la trituradora estalinista. ****

THE WAY BACK, 2010 País: EE.UU. Dirección: Peter Weir Guión: Keith R. Clarke, P. Weir Fotografía: Russell Boyd Montaje: Lee Smith Música: Burkhard Dallwitz Intérpretes: Jim Sturgess, Ed Harris, Colin Farrell, Saoirse Ronan, Mark Strong, Alexandru Potocean, Dragos Bucur 133 m. +16 años (violencia) Distribuidora: Aurum Estreno: 5.1.2010

A la medida de Weir

Había expectación por esta película de Weir tras la magistral Master and commander y otras gran­des obras como El show de Truman y Único tes­tigo. Nadie duda de que es un direc­tor que, si no tiene algo interesante que con­tar, sencilla­mente no lo cuenta.

La historia se basa en el relato autobiográfi­co de un polaco que cuenta la fuga, en 1940, de un grupo de presos de un gulag siberiano. Hay vo­ces que cuestionan la veracidad de algu­nos ex­tremos de ese relato. Pero lo cierto es que lo que se cuenta es verosímil, y oportuno el retrato de la maquinaria soviética para exter­minar seres humanos de manera industrial, un asunto que el cine ha esquivado salvo excep­ciones como las valiosas Hasta donde los pies te lleven y Katýn.

Rodada en impresionantes escenarios natura­les de Bulgaria, Marruecos, India y Aus­tra­lia, la cinta muestra la epopeya de un grupo de personas que recorren 10.000 kilómetros pa­ra llegar a un país libre de nazis y comunis­tas. El enemigo no es humano, sino la implaca­ble naturaleza que les pone a prueba una y otra vez, y por otra parte el riesgo de la disgre­gación de un grupo heterogéneo que inclu­ye a un criminal ruso (muy bien Farrell), un sa­cerdote letón, un desencantado norteamerica­no y una joven que encuentran al poco de es­capar.

El reparto es excelente y Weir demuestra una excepcional capacidad para que sus figuras entren en comunión dramática con el paisa­je, como ya hizo en su opera prima, Picnic en Hanging Rock. Película voluntariamente ex­tenuante, pegada al terreno, asume un riesgo muy grande: retratar sin concesiones la capa­ci­dad extraordinaria de resistencia que tiene un ser humano. Pedir a la película más con­flictos, más diálogos o escenas reflexivas, es poco co­herente, porque su fuerza reside pre­cisamen­te en su voluntaria renuncia al énfa­sis.

Alberto Fijo