Creatividad, S.A.

Acostumbrados a retratos selváticos sobre la industria del cine, el libro aporta un optimismo crítico muy ne­cesario

Toy Story 2 (1999)
Toy Story 2 (1999)

Creatividad, S.A. | En el último siglo se han hecho verdaderos esperpentos en nombre de la creatividad. Con bastante humor, el ci­ne contemporáneo ha fusilado esa pedantería vacua en pe­lículas recientes tan aclamadas como The Square, de Ru­ben Östlund, La gran belleza, de Paolo Sorrentino, o en buena parte de la filmografía de Woody Allen.

En 2014, Ed Catmull (Virginia, 1945) tenía la ventaja de no ser creativo sino científico informático, además de pre­sidente de Pixar y Disney en los mejores años de la pro­ductora y también en los de cierta crisis de ideas motivadas por la fusión, los problemas con John Lasseter y una cierta rutina de la genialidad.

En este libro se detalla con lenguaje claro y ameno el pro­ceso de construcción de una obra maestra, sin desdeñar el talento imprevisible de los autores pero poniendo el énfasis en el trabajo en equipo. Es luminosa la anécdota sobre el día en que al gran Steve Jobs se le animó a no asistir a determinadas reuniones de responsabilidad creativa. Catmull sabía perfectamente que Pi­xar no hubiese existido sin Apple, pero también era cons­ciente que el genio informático no tenía el talento del trabajo en equipo y el diálogo. Finalmente, Jobs acce­dió atendiendo a las razones del argumento. Este ejem­plo muestra la capacidad del autor para solucionar pro­blemas que parecen imposibles de resolver, de convencer con pocas palabras.

A lo largo del libro se aportan modos de trabajar muy va­liosos como la invención del Brain Trust, un grupo de directores y guionistas veteranos que ayudan a otro rea­lizador en medio del proceso creativo. Entre ellos es­taban cineastas del prestigio de Lasseter, Andrew Stanton, Brad Bird o Pete Docter. La clave era que su ase­soramiento no tenía autoridad para cambiar ni una co­ma del guion: era un consejo desde fuera que servía al rea­lizador para considerar si la orientación del proyecto era la más acertada.

Es brillante la explicación de cómo se reconstruyó Toy Sto­ry 2 en un tiempo récord para evitar ser una secue­la más, un producto menor de la animación al estilo Dis­ney. El cambio supuso elevar el listón y no permitir obras mediocres. Catmull no duda en apuntar la dificultad para no entrar en bucles e inercias basándose en el éxito de fórmulas pasadas. Los consejos que propone son novedosos y atienden a humanizar la producción audio­visual. Esa misma delicadeza que muestran las obras maestras de Pixar como Up, Wall·E o Monstruos S.A. se intenta impregnar desde el momento en que la cria­tura empieza a andar (muy ilustrativo el ejemplo de la Bestia Hambrienta y el Niño Feo para definir el trato ar­tesanal que merecen las ideas más rompedoras).

Acostumbrados a retratos selváticos sobre la industria del cine, el libro aporta un optimismo crítico muy ne­cesario. Se reivindica la excelencia basada en el trabajo exigente individual y la importancia de saber usar el gru­po como multiplicador de la originalidad.

Creatividad. S.A.
Creatividad. S.A.

Creatividad, S.A. Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más allá
Ed Catmull
Penguim Random House. Barcelona (2014)
363 páginas. 18,90 €

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