Contra la pared

Dirección y Guión: Fatih Akin Fotografía: Rainer Klausmann Montaje: Andrew Bird Música: Klaus Maeck Intérpretes: Birol Ünel, Sibel Kekilli, Catrin Striebeck, Güven Kiraç, Meltem Cumbul, Cem Akim, Aysen Iscan Distribuidora: Golem

Alemania, 2004. Estreno en España: 26.11.2004

Luciérnagas cegadas

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Esta película viene avalada por el Oso de Oro en Berlín. Y la Fipresci la ha ca­lificado como la mejor película del año; pero, en fin. En el cine, la gente tirada no lo parece tanto. El director permite a la di­rección artística caer, sí, caer, en un esteticismo falseador. A pesar de que esta película dice militar en el neo-realismo turco (llamado así por ciertos directores turcos).

En una novela, la gente tirada que se ve es gente tirada de verdad.

Quizá la tremenda película de Fatih Akin no sea el sujeto más merecedor de este comentario, pero no es injusto decírselo. Junto a eso, él -y otros directores aun más que él- aglomera clubs nocturnos, luces de colores, bailes melancólicos y desesperados, banda so­nora con música estentórea, vagos e irresponsables, borrachos, drogadictos, camas furiosas.

Acu­mu­la, amontona y sobrecarga, ¿qui­zá porque no hay más en esa gente tirada, y ese es su mundo interior? (valga la iro­nía). Di­ría que no -sino que es una concesión a lo fácil y chafallón-, porque tras casi una ho­ra (la película tiene dos) de ver a seres hu­manos a cuatro patas (otra ironía) que hablan a voz en grito, resulta que al fin muestran -lo parece- amor. ¡Oh, cielos! Is that possible? Yes, of course.

Todo ese ámbito de luciérnagas borrachas y desesperadas era L´America de una mal so­ñada libertad, de una libertad fingida que les encadena. Huían del olor a berza cocida (tercera ironía y no hago más), de las zapatillas de cuadros agujereadas, de la vida ordinaria, del trabajo ordenado, de la familia honrada. Y al surgir la flor blanca del amor en el estercolero (¡oh, per­dón, no he podido remediarlo!) unos y otros la reconocen. Unos la siguen, fieles; y otros naufragan, les hunde el peso que no dejan (la droga, la múltiple cama furiosa, etc.), y traicionan, y acaban sin ale­gría, envueltos en olor a berza de una vida ordinaria sin alegría (lo he repetido a pro­pó­sito) porque su vida es ahora un apaño de plás­tico que acaba contra la pared. No invento nada. Esa es la película Contra la pared.

Sólo he evitado el argumento. A las objeciones iniciales -a ese exceso- añado pa­ra la segunda parte su eficacia narrativa, su ritmo acechante y captador, su fuerza dramática, sus imágenes y rostros expresivos de una tragedia, sí, anunciada porque buscada, como la de esas mariposillas de la noche que, cegadas, acaban chamuscadas y muertas contra una bombilla encendida. Terrible y fuerte, aplas­tante. Un discurso moral sin lección. ¿Me­jor película del año? No lo sé, pero buena. Fatih Akin tiene 31 años, y es hamburgués y turco; y a sus espaldas lleva dos cortos, un documental y, además de este, tres largometrajes.