Corazones en Atlántida: Pequeña historia verdadera

No sé si la novela homónima de Stephen KingCorazones en Atlántida– encierra tanto contenido de belleza, pero, sea como sea, ha dado pie a Scott Hicks para hacer una película muy hermosa, con características propias de un clásico del cine, del cine sobre la infancia. La historia es una pequeña historia verdadera. Es la misma que casi todos los niños han vivido. Con variantes de lugar y de argumento, es la misma historia de siempre, la que se queda en el recuerdo, en la memoria enamorada, y acompaña toda la vida del adulto.

Está cargada de sentimientos y detalles materiales un tiempo vividos, que tienen todo el aire de lo auténtico, y han sido contemplados y recreados desde la distancia de los años. Así, la pequeña historia cobra toda la fuerza poética de lo que no muere, de lo que permanece, para poder ser una y otra vez «revisitado». Por el lado del dolor, un niño huérfano que quiere recordar a su añorado padre, aunque apenas le haya conocido; una madre demasiado ocupada en resaltar su propio atractivo para ocuparse bien de su hijo. Por el lado del cariño: la niña y el amigo, los juegos, el río, el verano… Por el lado de lo maravilloso: el inquilino recién llegado, envuelto en un semivelado misterio, lleno de fuerza y de poder, y de entrañable ternura. Y todo se rompe, para recomponerse quizá de otro modo. La niñez, una parte de la niñez, termina, para reiniciarse tal vez en otro plano, de otro modo, con otras gentes…

Corazones en Atlántica, de Scott Hicks
Corazones en Atlántica, de Scott Hicks

La fotografía no podía ser menos que maravillosa, una fotografía que recogiera no la realidad, sino el soñado mundo recordado. Y así es. Cada escena es más que un magnífico cuadro, brillante, armónico, de una plasticidad paradisíaca. Así son también los personajes que permanecen en el recuerdo de una memoria infantil: una madre llena de color y salud y hermosura (a poder ser, rubia); un amigo fiel y discreto; una niña-novia encantadora. Y el fuerte, el vecino (un Anthony Hopkins espléndido), sobrio, seguro, limpio…Y que siempre sea verano. Diría que para que al espectador le parezca maravillosa esta película, tiene que querer revisitar el paraíso de la infancia.Y, para que le seduzca, y se extasíe, entrar en ese paraíso dejándose llevar por él en una actitud sencilla, contemplativa, que es a la vez honda como la poesía.

Ficha Técnica

  • Música: Mychael Danna
  • Fotografía: P. Sobocinski
  • Dirección artística: Mark Worthington
  • Diseño de Producción: Barbara Ling
  • País: USA
  • Año: 2001