El amor en su lugar: Arte de primera necesidad

· Crítica de El amor en su lugar | Estreno 3 de diciembre de 2021.
· Cortés se va al Gueto de Varsovia en el invierno del 42 y nos mete en un teatro donde un grupo de actores -per­sonajes que tienen personas debajo- trabaja para dar esperanza al público que llena la sala deseando di­ver­tirse.

El quinto largo de Rodrigo Cortés (Pazos Hermos, Oren­se, 1973) le pone en otra liga. Su película es una de las que quedará junto a Ser o no ser, de Lubitsch, y Vania en la calle 42, de Malle, como uno de los más her­mosos acercamientos del cine al teatro como sendero dra­mático para encontrar la felicidad, el sentido de la vi­da, mientras se ríe y se llora.

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Cortés se va al Gueto de Varsovia en el invierno del 42 y nos mete en un teatro donde un grupo de actores -per­sonajes que tienen personas debajo- trabaja para dar esperanza al público que llena la sala deseando di­ver­tirse, una esperanza que ellos mismos no tienen asegu­rada. Porque el arte es un alimento de primera nece­si­dad y pocas películas lo han mostrado así (lo hizo el maes­tro Wajda en la portentosa Afterimage, pero sin lu­gar para media sonrisa).

El guion del director español escrito con el alemán Da­vid Safier toma la obra Milosz Suzuka Mieszkania (El amor busca apartamento, de ahí el título en inglés que ha elegido Cortés), escrita por el polaco Jerzy Jurandot y representada en el teatro Fémina en diciembre de 1942, y le hace la respiración artificial para revivirla y que chispeante nos llegue, nos emocione, nos inspire, nos haga pensar… porque lo que se cuenta es universal, tras­ladable a cualquier época, también a la nuestra.

Cortés -culto, lector, ha visto y pensado cine esencial, es buen escritor de literatura- cocina y sirve el guion con una inteligencia y una destreza poco frecuentes. Más allá de una planificación muy rica -incluye planos secuencia de enorme eficacia dramática- y de unos movimientos de cámara afinados, su manejo del tono (la historia en luces y sombras) es bellísimo, aunque asu­ma el riesgo de que la película vista en sala tendrá muy po­co que ver con la película vista en una televisión o un ordenador.

El sonido -lo hemos escrito decenas de veces- es el ele­mento en el que el cine ha cambiado radicalmente des­de principios de los años 80. Y la película tiene un sonido maravilloso, inolvidable. Las canciones, las con­fidencias entre bastidores, la madera que cruje, la interacción con el público, el brutal estampido de un dis­paro, el dentro-fuera… verdaderamente Cortés logra lo que podríamos llamar profundidad de campo sonora, so­nido registrado, editado, mezclado y reproducido de una manera extraordinaria.

Los actores han entendido bien lo que el director que­ría y logran algo muy difícil: temperatura. Son como esos aparatos que dan frío o calor según se lo pidas. Nos en­cienden y nos hielan. Cantan maravillosamente y pasan del diálogo escénico al diálogo vital con una fluidez que logra hibridaciones formidables. Todos están bien, pe­ro lo de Clara Rugaard es impresionante. Un casting muy bien hecho, ha dado con unos actores todoterreno que con sus deberes hechos afrontan interpretaciones com­plicadas que requieren canto, danza, cambios de registro con una continuidad muy exigente…

Adrián Guerra y Núria Valls, productores de Nostro­mo, pueden estar orgullosos: hacen posible que el diseño de arte, el vestuario, la música se conviertan en de­cisivos.

La película, montada por el propio Cortés, tiene un rit­mo perfecto, que nos lleva en volandas, al pulso de la co­media, del musical, del drama, de la vida que se deja re­tratar pero que hay que sujetar muy delicadamente, co­mo a un pájaro al que vas a liberar para que vuele.

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Ficha Técnica

  • Fotografía: Rafael García
  • Montaje: R. Cortés
  • Música: Víctor Reyes
  • Duración: 103 min.
  • Público adecuado: +12 años
  • Distribuidora: A Contracorriente
  • España (Love Gets a Room), 2021
  • Estreno: 3.12.2021
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