El caso Bourne: Salir de la autopista

Hace más de veinte años, Robert Ludlum dio vida a un espía norteamericano en la Europa de la Guerra Fría llamado Jason Bourne. Richard Chamberlain fue el primero en encarnar a este enigmático héroe, en la primera adaptación del best-seller para televisión en 1988. Ahora, con un intento de preservar el espíritu de la novela, Doug Liman presenta su última película contextualizada en la Europa actual y con Matt Damon como relevo generacional de este nuevo estilo de 007.

El caso Bourne está catalogada como un thriller de acción. Sin embargo, desde el elegante arranque de un naufragio se intuye una concepción que se aleja de convencionalismos (y para algunos, prejuicios). El pasado indie de su director (aclamado en Sundance por cintas como Go o Swingers), tiene mucho que ver en una puesta en escena inteligente, un trabajo de guión correcto y una planificación muy personal.

Liman disfruta con su trabajo y lo demuestra dando consistencia dramática a un personaje con espíritu de James Bond, que practica artes marciales (kali, para ser exactos) y que se enamora de la chica. Aparentemente, es la típica producción hollywoodiense concebida para hacer buena taquilla. Pero detrás de esto, toma consistencia el trabajo de dirección de fotografía (que en ocasiones peca de artificiosa por saturación estética) y la acertadísima elección de la actriz alemana.

Franka aporta credibilidad y sirve como personaje de apoyo en el desarrollo de la película. La protagonista de Corre Lola corre se mantiene en un segundo plano al lado de Matt Damon, sin dejarse influenciar demasiado por los personajes-cliché de algunas películas americanas. Por su parte, el actor interpreta a un héroe-que-piensa del que se desprende una interiorización que no corresponde al género. Es una pena que la acción -pese a no ser excesiva- corte las posibilidades dramáticas del actor, convirtiéndole en una sombra de lo que era, es decir, en un típico héroe americano en el glamouroso y viejo continente.

Las posibilidades escenográficas que ofrecen las ciudades europeas le dan una mayor calidad a la película, además de las estéticas localizaciones en cafés de art nouveau de París o las oficinas modernistas de Zurich.

Liman crea un extraordinario clima de suspense que se desvanece antes de llegar a la resolución. A la postre, El caso Bourne no deja de ser una película americana de acción, con persecuciones, peleas, protagonistas guapos y un cierre convencional, con vuelta a la calma y soluciones para todo.

Ficha Técnica

  • Argumento: Novela de Robert Ludlum
  • Fotografía: Oliver Wood
  • Montaje: Saar Klein
  • Música: John Powell
  • País: EE.UU.
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Reseña
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Laura Pousa es guionista y doctora en Historia del Cine por la Universidad Autónoma de Madrid