K-19: Cine frío

K-19 | Bigelow, directora californiana de 50 años, recrea un episodio real vivido en 1961 por el primer submarino nuclear ruso armado con misiles balísticos, en aguas del Atlántico Norte. Cuando la película se estaba rodando en Canadá tuvo lugar el trágico accidente del Kursk, que conmocionó al mundo entero. Dos grandes y veteranos actores, Harrison Ford y Liam Neeson, soportan todo el peso de una historia de escaso nivel narrativo, mal estructurada y, a ratos, excesivamente morosa y reiterativa. Ford -productor ejecutivo de la cinta- es el comandante del submarino, un veterano e inflexible lobo de mar, que no congenia con su segundo, Neeson, que ha sido relevado en el mando poco antes de la primera travesía del moderno submarino, orgullo de la Marina soviética.

Es inevitable la comparación con El submarino, la excelente película de Petersen que sigue los pasos de un sumergible alemán en la Segunda Guerra Mundial. A la vista de las virtudes de este título (intensidad, dramatismo claustrofóbico, heroísmo, camaradería, verismo y renuncia al espectáculo gratuito), K-19 queda bastante lejos, incluso por debajo del aceptable nivel de La caza del submarino rojo e incluso de la muy discreta Marea roja, que anticipaba el duelo entre oficiales, en aquella ocasión Gene Hackman y Denzel Washington.

Una música escasamente imaginativa aunque muy bien interpretada envuelve los hermosos y escasos planos al aire libre rodados en los palacios moscovitas y en un viejo astillero canadiense. En fin, una película demasiado larga y tediosa, montada por Walter Murch (Apocalipse now) en la que el frío se apodera progresivamente del interés del espectador.

Ficha Técnica

  • Música: Klaus Badelt
  • Fotografía: Jeff Cronenweth
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor