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La escuela de la vida

Crítica de la película

Historia tierna de amistad entre un adulto y un niño que François Cluzet borda con alegría y recibe una gran réplica del joven Jean Scandel

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La escuela de la vida

· Con La escuela de la vida Vanier lleva la cámara a su región natal y canta su belleza con el pretexto de una narración que está a medio camino entre El pequeño Lord y Guadalquivir.

Amistad y naturaleza

Estamos en Francia, en la región de la Sologne, junto al río Loire, en los años 1920; la señora Célestine, esposa de un guardabosque, lleva a su casa a Paul, un parisino de 10 años, huérfano. ¿Por qué lo hace? Es un misterio que se plantea al principio y que veremos desvelarse poco a poco. Paul tiene un carácter arisco y se hace amigo de Totoche, el cazador furtivo de la zona, quien le enseñará a conocer el bosque, los animales, a pescar, a vivir libre. A conocer la escuela de la vida.

Nicolas Vanier (Lobo, El último cazador) es un realizador que gusta de rodar documentales o dramáticos ambientados en la naturaleza. En esta ocasión, con La escuela de la vida lleva la cámara a su región natal y canta su belleza con el pretexto de una narración que está a medio camino entre El pequeño Lord y Guadalquivir: una historia tierna de amistad entre un adulto y un niño que François Cluzet borda con alegría y recibe una gran réplica del joven Jean Scandel; unos paisajes y unos animales bellamente fotografiados por Éric Guichard hacen el resto.

Se trata de una oda a la humanidad y a la naturaleza, una película sencilla, bonita y agradable en la que todo el mundo es bueno. Incluso el cristiano que al principio parece tan malvado, al final resulta buena gente.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.