Somewhere

Sofia Coppola ganó el León de Oro en Venecia por esta cinta intimista excesivamente lenta. ** ½

SOMEWHERE, 2010 País: EE.UU. Dirección y Guión: Sofia Coppola Fotografía: Harris Savides Montaje: Sarah Flack Intérpretes: Stephen Dorff, Elle Fanning, Michelle Monaghan, Benicio del Toro 97 m. +18 años (sexo) Distribuidora: Vértigo Estreno: 30.9.2011 

La insoportable levedad del ser… famoso

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Somewhere arranca con una larguísima es­cena en la que el espectador ve una carre­tera desierta y escucha el motor de un co­che circulando a toda velocidad. En los quin­ce minutos siguientes ese mismo espec­tador presenciará, de principio a fin, un nú­mero de patinaje sobre hielo y dos larguí­simos bailes -primero uno y después el otro- de dos conejitas bastante recatadas so­bre una barra americana en la habitación del hotel de un actor de cine.

El sentido narra­tivo de estas escenas se resume en una lí­nea: al actor de cine le gustan las mujeres, ama la velocidad, tiene una hija que patina y, sobre todo, se aburre. También se resume en un adjetivo la actitud de Sofia Coppola: ca­prichosa. La decisión de rodar esas imáge­nes (que sólo son las primeras, después ve­remos largos planos del actor deprimido o sim­plemente serio), de encadenar tediosos pla­nos sin apenas sentido narrativo sólo se en­tiende desde el capricho.

A pesar de su León de Oro en Venecia -a la mejor dirección- Somewhere me parece una decepción en toda regla. Se esperaba bas­tante de la nueva película de Sofia Co­ppo­la, y se esperaba porque la joven realiza­dora deslumbró al público con la sobreva­lo­rada pero interesante Lost in traslation y ha­bía rodado con brío una curiosa versión de María Antonietta. Se esperaba mucho, ade­más, porque se supone que Somewhere es una película autobiográfica que recogía al­gunas vivencias de la infancia de Coppola y su famosísimo padre. Hay algo (por ejemplo escenas rodadas en hoteles donde fue de niña) pero poco.

Hay, sí, una ligera refle­xión -más bien descripción- sobre la frivo­lidad que rodea al cine, pero ni la idea es nue­va (es un tema ampliamente abordado en grandes películas), ni la forma es novedo­sa, ni la historia llega a conmover en nin­gún momento. Los personajes son meros ar­quetipos, apenas hay evolución dramática, la película termina donde empieza. ¿Fi­nal abierto? Quizás, o no final…

La película tiene una factura excelente, eso sí, es un conjunto de postales muy bellas y bien fotografiadas y poco más… bueno, sí, hay algo más… está Elle Fanning. La jovencísima actriz ilumina el vacio de la vi­da del actor de cine y, de paso, mitiga el te­dio que Coppola imprime a su película.

Ana Sánchez de la Nieta