La isla del tesoro

La película tiene un ritmo endiablado y cuenta con el gran trabajo de Robert Newton en el papel de John Silver, cruel y simpático

La isla del tesoro (1950)
La isla del tesoro (1950)

La isla del tesoro: De aventuras y piratas

La isla del tesoro no necesita, al menos hasta anteayer no necesitaba, presentación. Es el mejor libro de aventuras infantil jamás escrito. Lo tiene todo: viaje iniciático hacia la vida adulta, maduración, pérdida, aventura, entrega, muerte, lucha del bien y el mal sin maniqueismos -¿verdad, John Silver?-; y es una notable pieza de literatura, de la mano de uno de los grandes narradores de finales del siglo XIX.

No tiene nada de especial que haya decenas de adaptaciones al teatro, cine y televisión. Hay una notable discrepancia en cuanto a cuál sería la mejor. Lo cierto es que entre las clásicas resulta difícil elegir; la versión de Fleming (1934) tiene un encanto indiscutible, aunque mucha gente la rechazará por ser blanco y negro; lo poco que queda de la de Tourneur (1920) hace llorar la pérdida de algo grande; la versión de la que ahora hablamos no es mi favorita pero no está nada mal. Baste decir que se trata de la primera realización de Disney con personajes de carne y hueso, y que tenían un grandísimo deseo de que saliera bien.

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Como bien saben estamos en el siglo XVIII, el protagonista es Jim Hawkins, un joven huérfano que ayuda a su madre a salir adelante con una pequeña posada en la costa. Un día un viejo marino llega a la posada, morirá de miedo poco después dejando deudas y un arcón en el que se encuentra un mapa que conduce a un tesoro pirata. Y allá parte la expedición, llena de sobresaltos. Destaca -en la novela y en la película- la amistad que surge entre Jim y el cocinero, que resulta ser un viejo pirata, personaje más logrado de la historia, ladrón, asesino y al mismo tiempo figura entrañable capaz de jugarse la vida por el joven Jim.

La película tiene un ritmo endiablado y cuenta con el gran trabajo de Robert Newton en el papel de John Silver, cruel y simpático. El joven Driscoll no está nada mal haciendo de Jim Hawkins, aunque nos parece demasiado niño. Lo que lleva a la cuestión ¿qué tal ha envejecido? Bastante bien; el color no es el mismo que utilizamos hoy, pero se trata de una historia de época; la vegetación no es tropical y se nota, también se notan algunos efectos menores, pero se disculpa; hablan mucho y con gran elegancia, lo que ahora nos suena artificial, y hay detalles que se dan por supuesto, porque en su momento todos los espectadores conocían la novela.

Finalmente conviene decir que la versión completa, que ahora se puede ver, dura 96 minutos. En su momento tanto en América como en Gran Bretaña se recortaron escenas violentas. Lo que me permite recordar que los muy pequeños no la deberían ver solos la primera vez.


La isla del tesoro (Treasure Island, 1950)

País: EE.UU., Reino Unido Dirección: Byron Haskin Guion: Lawrence Edward Watkin Fotografía: Freddie Young Montaje: Alan Jaggs Música: Clifton Parker Intérpretes: Bobby Driscoll, Robert Newton, Basil Sidney, Walter Fitzgerald, Denis O’Dea, Finlay Currie, Ralph Truman, Geoffrey Keen Duración: 90 min. Público adecuado: Todos-jóvenes Distribuye en formato doméstico: Disney

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Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.