La isla del tesoro: De aventuras y piratas

La isla del tesoro no necesita, al menos hasta anteayer no necesitaba, presentación. Es el mejor libro de aventuras infantil jamás escrito. Lo tiene todo: viaje iniciático hacia la vida adulta, maduración, pérdida, aventura, entrega, muerte, lucha del bien y el mal sin maniqueismos -¿verdad, John Silver?-; y es una notable pieza de literatura, de la mano de uno de los grandes narradores de finales del siglo XIX.

No tiene nada de especial que haya decenas de adaptaciones al teatro, cine y televisión. Hay una notable discrepancia en cuanto a cuál sería la mejor. Lo cierto es que entre las clásicas resulta difícil elegir; la versión de Fleming (1934) tiene un encanto indiscutible, aunque mucha gente la rechazará por ser blanco y negro; lo poco que queda de la de Tourneur (1920) hace llorar la pérdida de algo grande; la versión de la que ahora hablamos no es mi favorita pero no está nada mal. Baste decir que se trata de la primera realización de Disney con personajes de carne y hueso, y que tenían un grandísimo deseo de que saliera bien.

Como bien saben estamos en el siglo XVIII, el protagonista es Jim Hawkins, un joven huérfano que ayuda a su madre a salir adelante con una pequeña posada en la costa. Un día un viejo marino llega a la posada, morirá de miedo poco después dejando deudas y un arcón en el que se encuentra un mapa que conduce a un tesoro pirata.

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Esta crítica completa se publica en el monográfico nº 7 (Cine de Aventuras) de FilaSiete. Esta revista en papel se puede adquirir por compra directa o por suscripción.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., Reino Unido (Treasure Island, 1950)
  • Fotografía: Freddie Young
  • Montaje: Alan Jaggs
  • Música: Clifton Parker
  • Duración: 90 min.
  • Público adecuado: Todos
  • Distribuye en formato doméstico: Disney
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