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Enrique García


Después de casi una década dedicada al cortometraje, el malagueño Enrique García sorprende con «321 días en Michigan», una brillante opera prima.

No debe ser fácil hacer una película carcelaria sin pisar terrenos trillados por «Celda 211», «Un profeta», el cine norteamericano… ¿Tuviste esa presión de intentar hacer algo diferente?

La clave de la historia fue visitar de forma fortuita la cárcel y esperar todos esos clichés acerca de la seguridad y lo grisáceo. Finalmente descubrí que es una institución muy diferente a la que el propio cine nos tiene acostumbrado. Esa sorpresa se convirtió en inquietud y en ganas de narrar la cárcel que había conocido y que tanto me había descolocado.

Consigues un nivel interpretativo muy creíble con actores que apenas habían participado en cortometrajes. ¿Cómo fue el casting y el trabajo con los actores?

Hubo casting para algunos personajes secundarios, pero el cuarteto protagonista ya estaba en el cortometraje TR3S RAZONES. Chico, Héctor y las dos Virginias eran artistas a los que ya conocía por haber trabajado con ellos en cortos o en teatro. Salva Reina fue una propuesta de Isa, superfan de sus monólogos. Le vi en teatro y dos días después estaba en su oficina proponiéndole el papel. Él buscaba la cámara oculta.

Desde el principio intentamos huir de la artificialidad y la pose. Tener a funcionarios y a presos reales como figurantes fue un soporte brutal, ya que ante la duda, teníamos unos asesores directos a los que consultar.

En tu película sorprende una vida carcelaria más humana y menos truculenta de la que estamos acostumbrados a ver en el cine. ¿Crees que refleja la realidad? ¿Cómo fue la labor de documentación con tu coguionista?

Esa fue la parte que más me sorprendió de todo el proceso, descubrir la prisión como institución y centro de reclusión y rehabilitación en la sociedad de los internos. También sorprendía que ya no había “cacos” como los de los 70 y los 80 tipo “kinkis”. Había de todo, gente de barrio bajo, de distintas etnias, interno de polito de marca, y todo se basa en una convivencia civilizada con los funcionarios. Supongo que el interno de ahora es más consciente de las cosas que pierde cuando está en reclusión: la familia, la tranquilidad de ir y venir. Isa Sánchez y yo echamos largas jornadas en la Prisión de Alhaurín de la Torre en Málaga. Ángel Herbella, su director, nos concedió permisos para que pudiéramos ir desde las 7:00 am, hasta las 21:00 pm.

Fernando Velázquez es uno de los grandes compositores de nuestro país. ¿Cuál fue la palabra mágica que utilizaste para que participase en vuestra película?

La palabra mágica que le dije fue «no puedes hacer la música de esta película, no tenemos dinero para pagarte». Y Fernando, como vasco que es, me llevó la contraria. Esta anécdota es cierta, pero llegamos a este punto porque Fernando y yo nos conocíamos de congresos de bandas sonoras. En 2010 yo fui a Úbeda con Pasión Vega que interpretaba el tema final del cortometraje original, Fernando vio la actuación y el cortometraje y me felicitó por lo mucho que le había llegado la voz de Pasión y la historia de ‘TR3S RAZONES’. Nunca perdimos el contacto y cuando rodé la película quedamos para que me diera su opinión. El filme tenía muchas canciones pero no música, y cuando se ofreció fue un acierto completo, con una composición muy sutil. Fernando consiguió dar un empuje y un peso enorme a las emociones de mis personajes. Y como colofón compuso un tema original que interpreta de nuevo Pasión Vega. Es un tema precioso, como un rezo. Me gustaría escucharlo en la Gala de los Goya porque se lo merecen.

Al cine español le cuesta un mundo sacar adelante un proyecto económicamente, pero cada vez hay mejores películas y más taquillazos nacionales. ¿Cuál es tu punto de vista sobre esta aparente incoherencia?

Eso es un tema que precisa un respuesta mucho más compleja. Los cineastas tenemos la educación, la formación y la fuerza para poder hacer películas de calidad, con temas de mayor interés y con una factura competitiva. El problema está en el laberinto burocrático y financiero en el que entra la producción de una película cuando quiere ver la luz. Largo, nublado y tedioso. Hay que mantener las energías muy en alto ante tanto chaparrón. Las condiciones no son las más adecuadas, pero el talento sale a flote.

Claudio Sánchez

Podrás leer la entrevista completa en el nº169 de Fila Siete, noviembre 2014

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