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Las distancias

Retrato sutil, original y demoledor de un grupo de treintañeros con el que Elena Trapé se une al grupo de grandes creadoras de historias y personajes en nuestro país

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Las distancias

· Con Las distancias, Trapé se convirtió en la gran triun­fadora del pasado Festival de Málaga con las Bizna­gas a la mejor película, dirección y actriz (Alexandra Ji­ménez).

Generación extranjera

Comas lleva tiempo trabajando en Berlín y la celebración de sus 35 años no parece que vaya a ser fascinante. Pe­ro a primera hora de la mañana recibe con sorpresa la lle­gada de cuatro amigos de Barcelona, que pretenden pa­sar el fin de semana en su casa.

Elena Trapé tuvo un debut cinematográfico muy lau­reado con la película Blog (2010), un drama genera­cional so­bre el pacto secreto de un grupo de chicas adolescentes. El elenco de jóvenes actrices y una planificación que apro­vechaba los nuevos medios de comunicación y expresión hicieron que esta directora primeriza alcanzase un notable prestigio. En estos ocho años ha realizado un do­cumental sobre su “madrina” cinematográfica Isabel Coi­xet (Palabras, mapas, secretos y otras cosas, 2015).

Con Las distancias, Trapé se convirtió en la gran triun­fadora del pasado Festival de Málaga con las Bizna­gas a la mejor película, dirección y actriz (Alexandra Ji­ménez). Una vez más el retrato de una generación (en este caso de treinteañeros) es sutil, original y demo­le­dor. Es una película de actores y guion, de detalles sig­nificativos mínimos que muestran relaciones viciadas por un individualismo viral, por una insatisfacción colectiva incuestionable.

La directora y guionista conquista la atención del es­pec­tador prácticamente sin salir de un pequeño piso. La in­tensidad es máxima porque cada personaje tiene vi­da pro­pia con diálogos sensacionales y pausas necesa­rias, mi­radas y declamaciones que expresan una gama muy am­plia de intenciones y emociones. En la selección de ac­tores se ve cómo los buenos cómicos suelen estar muy bien preparados para personajes dramáticos. Así lo vemos en Miki Esparbé y Alexandra Jiménez, que apor­tan veracidad y un arco dramático desarrollado con mu­cho talento.

Uno de los grandes logros de la película es la libertad con que el espectador se mueve dentro de la historia. Lo ex­plica muy bien la directora y guionista: “Una cosa que ha­blamos mucho con los actores es que ninguno actúa des­de la maldad o el egoísmo. Creo que todos ellos comparten la sensación de desconcierto, de no saber cómo ha­cer las cosas de otra manera. Todos están haciendo lo que pueden”. Esta perspectiva enriquece un argumento que evidentemente quiere mover a la reflexión pero per­mi­tiendo respirar a los personajes, defendiendo su cre­di­bilidad sin forzar el dramatismo.

Elena Trapé se une al grupo de grandes creadoras de historias y personajes en nuestro país. Directoras y guio­nistas como Carla Simón (Verano 1993), Mar Coll (To­dos queremos lo mejor para ella), Isabel Peña (Sto­ckholm) y Silvia Quer (La Xirgu). Isabel Coixet, Gracia Que­rejeta e Icíar Bollaín fueron por delante.