Callas forever

Callas Forever
Callas Forever

Callas forever: Una voz en la penumbra

Detrás de esta película hubo muchos proyectos e intenciones opuestas hasta que pudo realizarse. La Columbia y después la Paramount, en el mismo año de la muerte de María Callas (1977), ofrecieron a Zeffirelli hacer un tipo de película que rechazó, por ser amigo de la cantante, a la que conocía bien y había dirigido en varias ocasiones; el director italiano no quería una biografía, que obligaría a remover ciertos hechos íntimos e infelices de la desgraciada diva. La idea que finalmente encontró el autor de Té con Mussolini (lee aquí la crítica) es la que queda plasmada en esta película y la estructura. Es la atractiva visión de un amigo, también artista: ha callado lo oscuro y triste, y ha exaltado la última explosión de alegría. Y el retiro en silencio, digno y honrado, de la gran María.

Gracias al guionista Martin Sherman, y al mismo Zeffirelli, la breve historia describe los meses finales de la vida de la Callas. Pero, sobre todo, se lanza esa tela de araña, en el interior de cuyos hilos va casi escondida la muerte del artista, que da el sentido, cara a la muerte, a todo lo que todavía se vive. El relato de esos meses finales no es materialmente histórico, pero evoca de tal modo otras verdades y su espíritu, que sí puede llamarse histórico.

Después de su última aparición pública en un escenario (1965), María Callas se recluye en su apartamento de París. Ha perdido su magnífica voz. No sabe aceptarlo. Está sola. Y, poco a poco, queda envuelta en las más oscuras tinieblas de la melancolía, de la depresión. Una profunda desgana de vivir. La Callas quisiera haber muerto al morir su voz, que lo era todo. Se considera nada, y sobrevive con la ayuda de pastillas y de recuerdos gloriosos de su carrera, escuchándose, una y otra vez, en sus discos.

De esa caverna de sombras viene a sacarla su antiguo amigo Larry Kelly, que parece tener algo del mismo Zeffirelli, con un hermoso y turbio proyecto sobre Carmen, que es llevado a cabo. (Un suceso parecido tuvo lugar en la realidad: una gira con Giuseppe Di Stefano en 1973-74). En la ficción es 1977, y la Callas, entusiasmada, interpreta, con su antigua voz enplay-back, la ópera Carmen, y es filmada para ser vendida en vídeo. Dubitativa de la honradez de este trabajo, sus nuevas ganas de vivir lo serán por breve tiempo.

Si el espectador no logra comprender y compartir esa angustia total del artista, que va dejando de serlo por perder su singular medio de expresión -la voz en María Callas-, es probable que no alcance a valorar la tragedia interior -el venenoso hilo de araña-, la silenciosa muerte de la diva. No es fácil aceptar esta muerte en vida, sin ese amor más fuerte que toda muerte.

En todo caso hay otra lectura de Callas forever: la maravillosa voz de la Callas en sus mejores arias operísticas, la no menos maravillosa Carmen de Bizzet, la impresionante interpretación de Fanny Ardant. Y la digna grandeza de haber sido la Callas, y de seguir siéndolo hasta el final, aun en la oscura soledad…, en la que quizá brillara otra luz.


Callas forever

País: Italia Dirección: Franco Zeffirelli Guión: Martin Sherman, F. Zeffirelli Fotografía:Ennio Guarnieri Montaje: Sean Barton Música: Alessio Vlad y las grabaciones operísticas de María Callas Intérpretes: Fanny Ardant, Jeremy Irons, Joan Plowright, Jay Rodan, Gabriel Garko, Anna Lelio, Manuel de Blas