El reverendo: El hombre solitario de Dios

El veterano Paul Schrader, especialmente conocido por ser el guionista de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), ha escrito y dirigido una película que condensa toda su trayectoria vital y cinematográfica. El reverendo cuenta la historia de Ernst Toller (Ethan Hawke), un pastor protestante a cargo de una pequeña iglesia en el estado de Nueva York que trata de ayudar a Mary (Amanda Seyfried) y Michael (Philip Ettinger), un joven matrimonio que atraviesa una grave crisis: él está aterrado ante la salvaje destrucción del planeta a manos de los hombres y quiere convencer a su mujer para que aborte la criatura que lleva en su vientre. Frente a lo que pueda parecer, esta obra no se centra en temas como la fidelidad conyugal o el aborto. Los protagonistas no son ellos, sino él: el reverendo. Y el conflicto que vertebra la película no se da en el plano de las acciones de los personajes o de sus dilemas psicológicos: se encuentra más adentro, en el alma del pastor. «Esta es la primera película -confiesa el cineasta de Michigan- en la que me he atrevido a tratar la vida espiritual, y nunca había hecho antes un filme como este».

Bien podría decirse que Schrader lleva prácticamente toda su vida gestando este proyecto. La severa educación calvinista que recibió en casa por parte de sus padres, descendientes de colonos procedentes del norte de Europa, sembró en el interior del cineasta una serie de preocupaciones que han asomado en muchas de sus creaciones, tales como Taxi Driver, La última tentación de Cristo (1988) o Adam resucitado (2008), entre otras. «Fui criado en un ambiente donde la discusión teológica era el pan de cada día. Los domingos los familiares nos reuníamos después de la cena y hablábamos sobre cuestiones teológicas». El reverendo incoa los temas más propios de Schrader -la soledad y la desesperación, la libertad y la gracia- y les da una nueva entonación, la de alguien que los ha ido madurando con el paso de los años. Así lo reconoce en una entrevista: «Taxi Driver es la película de un cineasta joven y El reverendo es la película de un anciano».

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El estilo trascendental

Por encima de los temas incoados, la película de Schrader es un calculado ejercicio de estilo, mediante el cual ha llevado a la práctica lo que tiempo atrás había estudiado en su libro El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer, publicado en 1972. El hecho de que el libro haya sido reeditado -con una nueva y extensa introducción- pocos meses después del estreno de El reverendo sugiere la estrecha conexión que existe entre este estudio teórico y la película. En la nueva introducción al libro, Schrader explica cómo surgió su interés por una forma de hacer cine que tenía al director francés Bresson como máximo exponente: «Como crítico de cine para Los Angeles Free Press vi el estreno en Los Ángeles de Pickpocket de Robert Bresson (1959). Y escribí sobre ella. Y la volví a ver. Y volví a escribir sobre ella. Atisbé un puente entre la espiritualidad en la que me había criado y el cine «profano» que amaba. Y era un puente de estilo, no de contenido».

El director francés había logrado, a juicio de Schrader, un estilo capaz de romper con la tendencia natural del cine hacia la narración y la empatía y -en esta medida- abrir al espectador al misterio de la existencia, a lo Trascendente. «Creo que el cine es inherentemente anti-espiritual», afirma el cineasta de Michigan. «Sus dos grandes motores son la acción y la empatía. Ves una imagen de una persona o un lugar y empatizas, y entonces esa imagen empieza a conmoverte». Dicho de otro modo, el argumento de una película crea en el espectador un constructo de emociones -un «filtro», en expresión de Schrader– que le induce a pensar que la realidad visible se basta a sí misma. Por el contario, el llamado «estilo trascendental» frena la identificación emocional del espectador, invitándole así a intuir el misterio que se esconde detrás de lo que está viendo.

En su libro, Schrader explica cómo este estilo consiste en un proceso que ha de atravesar todo el filme, creando un ritmo temporal y espacial muy concreto. «Un plano estático de alguien, digamos, preparando café requeriría, en términos dramáticos, diez o quince segundos de metraje. Si ese plano se mantiene durante treinta segundos, tiene otro efecto. Mantenido durante tres minutos, otro distinto», escribe aludiendo a una escena de Umberto D (De Sica, 1952). «Treinta segundos, sin embargo, son suficientes para crear una disonancia entre tiempo y narrativa». Así, el estilo trascendental busca mostrar al espectador la realidad del modo más anodino y superficial posible para, poco a poco, ir introduciendo una serie de disonancias que generan «una actitud de sospecha ante esa realidad cotidiana» y, finalmente, preparan la irrupción de una «acción decisiva» que expresa aquello que de suyo es inefable: lo «totalmente Otro», en palabras que Schrader toma del teólogo protestante Rudolf Otto.

Pablo Alzola

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Cine Pensado 2018
 

El estudio crítico completo de esta película se encuentra en el libro Cine Pensado 2018, que puedes adquirir en este enlace:

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Redacción FilaSiete
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