La memoria de los muertos: Devorador de pecados

Zoë es el nombre que recibe un chip que se puede implantar en el cerebro previo pago a la compañía que comercializa semejante aparatejo. El chip graba la vida de la persona que lo lleva para que cuando una vez haya fallecido, sus familiares puedan recordarlo gracias a esas imágenes y sonidos. Cada momento de su vida quedará impreso en esa memoria artificial que, después de la muerte del portador, un editor (por eso el título original de la peli es The final cut) se encargará de visualizar y montar como si de una película se tratara. Alan (Robin Williams) es el mejor editor de la compañía Zoë Technologies. De tanto editar vidas ajenas, se ha convertido en un hombre sin sentimientos, pero él también tiene sus traumas, y un día, cuando le encomiendan editar un vídeo fúnebre…

Interesante y solvente thriller de ciencia-ficción de un director y guionista jordano de tan sólo 27 años, que ha contado con la gran ayuda de Tak Fujimoto, director de fotografía de El sexto sentido, Señales y El silencio de los corderos, que crea una atmósfera muy inquietante. La película está bien llevada y te mantiene en tensión hasta el final. Sorprende la recurrencia de films recientes sobre la culpa y la redención, con alambicadas soluciones posmodernas sin la más mínima componente trascendente, tipo devorador de pecados. Los católicos tienen mogollón de suerte. La solución, gratis y bastante asequible, se llama confesión.

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La memoria de los muertos (The Final Cut)

EE.UU., 2004

Ficha Técnica

Fotografía: Tak Fujimoto Montaje: Dede Allen Música: Brian Tyler Distribuidora: Filmax

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Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor