Daniel Hendler

· “El cine de autor genera nuevos lenguajes, con esquemas que mezclan estilos y géneros distintos en una misma película”

Daniel Hendler estudió Arquitectura en Montevideo, aunque su in­terés por el cine le llevó a conver­tir­se en actor de varias películas de Da­niel Burman (El abrazo partido, De­recho de familia). En el pasado Fes­tival de Málaga presentó dos nue­vos proyectos: El otro hermano, en el que comparte protagonismo con Leonardo Sbaraglia, y El candi­da­to, un curioso filme político con to­ques de comedia.

¿Cómo acaba un arquitecto sien­do actor, director y guionista?

Daniel Hendler/ Es curioso que el actor protagonista de El candidato también sea arquitecto. Creo que, aun­que no lo parezca, son dos carre­ras con bastantes conexiones. Las dos exigen visión espacial, creatividad, saber trabajar en grupo. A mí, des­de luego, me ayuda mucho en mi tra­bajo, a ordenar y estructurar las ideas que quiero expresar. En mi experiencia personal, casi puedo decir que el cine y el teatro me arrancaron de la arquitectura y ya no pude de­jarlo. Y pienso que es bueno antes de hacer cine tener una vida anterior, un trabajo más “normal”, con las dificultades y las experiencias de la vida corriente.

El candidato
El candidato (2016), de Daniel Hendler

En el uso metafórico del sonido, El candidato me recuerda a las pe­lículas de Paul Thomas Anderson o Pablo Larraín.

D. H./ Sí, en cierta medida queríamos mostrar esos sonidos de pájaros, crujidos de las escaleras, las puer­tas… para predisponer al espec­ta­dor. Al escucharse esos ruidos que no tenían por qué escucharse generas una tensión por lo bajo que ayu­da a meter al espectador en una his­toria que quiere desconcertar y sor­prender.

De hecho, la utilización de los pá­jaros subraya precisamente un pun­to de vista, el de un espectador que se posa y observa a todos lados, pero sin entender muy bien qué es­tá sucediendo. Además, el pájaro vue­la, es esquivo, difícil de atrapar. Cuan­do llega al lugar donde se desa­rro­lla la historia, crea esa mirada am­bigua hacia los personajes y una his­toria que no sabemos si se trata de un thriller o de una comedia.

Supongo que esa gran casa en me­dio de la nada habla del aislamiento del personaje: un político sin público al que sólo acompañan sus asesores de imagen.

D. H./ Hubo un cambio de locali­za­ción que fue muy significativo. Íba­mos a rodar en otro sitio y al fi­nal nos decantamos por esta casa que era la más indicada, pero nos obli­gaba a hacer algunos cambios en el guion. Teníamos que explicar por qué el protagonista puede llegar a tener una casa tan imponente o hu­biese heredado una mansión así. Fi­nalmente, la casa es un personaje más que tiene un significado muy gran­de para entender al personaje prin­cipal y sus motivaciones para lo­grar un puesto de poder.

Hendler con Leonardo Sbaraglia en El otro hermano (2017), de Adrián Caetano

Sorprende encontrarse una comedia uruguaya en un festival de cine. Estamos acostumbrados a otro tipo de historias y enfoques en películas hispanoamericanas, qui­zás demasiado similares y enca­sillados.

D. H./ Sí, domina la naturaleza del mercado. Los norteamericanos son los primeros que han catalogado el cine en géneros y estilos muy re­conocibles. El cine de autor rompe esa inercia y genera nuevos lenguajes, con esquemas que mezclan es­tilos y géneros distintos en una mis­ma película. Es evidente que todos tendemos a imitar lo que triunfa por­que tenemos que hacer productos para un mercado que quiere valores seguros, y eso acaba por empobrecer el arte.