Ninotchka

Detrás de esta historia de amor entre un aristócrata seductor y una comisaria política bolchevique, en París lógicamente, hay una sátira afilada.

Ninotchka, 1939. PAÍS: Estados Unidos DIRECCIÓN: Ernst Lubitsch GUIÓN: Charles Brackett, Billy Wilder, Walter Reisch, Melchior Lengyel FOTOGRAFÍA:  William H. Daniels MONTAJE: Gene Ruggiero MÚSICA: Werner R. Heymann INTÉRPRETES: Greta Garbo, Melvyn Douglas, Ina Claire, Béla Lugosi, Sig Ruman DISTRIBUIDORA DVD: Warner 110 minutos. + 12 años

6 de octubre de 1939. Un mes después del comienzo de la II Guerra Mundial. Ernst Lubitsch, el cineasta berlinés de 47 años, acude a la premiere en Hollywood de su nueva película, Ninotchka. Lubitsch reinaba en Los Angeles, todos tenían en la cabeza el fabuloso éxito del año anterior cosechado con la excelente La octava mujer de Barbazul, protagonizada por Gary Cooper y Claudette Colbert.

A pesar de encontrarse en plena guerra, los problemas políticos de la época no fueron ningún obstáculo para que pudiera transmitir su mensaje con total naturalidad. En Ninotchka, Lubitsch no solo conquista al público con un finísimo humor y unos diálogos excepcionales, sino que sabe utilizar a la perfección la comedia como una farsa depurada. En 1942 rematará la faena con la monumental Ser o no ser.

Detrás de esta historia de amor entre un aristócrata seductor y una comisaria política bolchevique, en París lógicamente, hay una sátira afilada. El Paris de Lubitsch es una avalancha de clichés y el cineasta judío juega de una manera exquisita con los estereotipos: tres delegados soviéticos seducidos por los encantos del capitalismo se pondrán en evidencia con la llegada de la adusta camarada Ninotchka.

Greta Garbo, famosa por sus facciones serias y su semblante terso y frío, hizo temblar al mundo con una inesperada carcajada, que marcó la historia de la comedia. El filme de Lubitsch, que aspiraba a varios Oscar (película, guión, historia original y actriz) fue derrotado por Lo que el viento se llevó, la película río de Victor Fleming, protagonizada por Vivian Leigh, ganadora del Oscar. Evidentemente, en cualquier tiempo, pero especialmente en tiempos de guerra, las estatuillas doradas prefieren las lágrimas antes que las risas.

Maestro de la insinuación y la sugerencia (el legendario “toque Lubitsch”), el director pone en evidencia la verdadera esencia de los hombres: seres moderados por sus deseos y pasiones, y no por una imagen simbólica forjada por un sistema político y una representación ideológica. Ninotchka contrapone amor y racionalismo en una historia de aprendizaje que intenta despertarnos para poder entender que los regímenes totalitarios alienan al hombre reduciendo su pensamiento y el discurso a fórmulas prefabricadas.

La película es un cóctel delicioso, con una parte y media de impertinencia, tres de humor y dos de romance. Sin dejar nada al azar, Lubitsch y sus guionistas hacen maravillas, como la de transmitir a través de una carta la más bella declaración de amor y un acto político al mismo tiempo.

Magdalena Ruiz



Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor

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